Mono Carayá Rojo: fiesta, conservación y plan para repoblar la selva
La tercera edición de la Fiesta del Mono Carayá Rojo ya tiene fecha.
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RedacciónPeriodista10 de septiembre · 21:56
Jueves 10 de septiembre, 2026 · 21:56
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La celebración se realizará el 19 y 20 de septiembre en paraje Piñalito Sur, con una propuesta que combinará educación ambiental, cultura y actividades comunitarias para poner en valor a una de las especies emblemáticas de la selva misionera.
El lanzamiento se realizó este jueves con la presencia del ministro de Ecología, Martín Recamán, la representante de la Comisión Vecinal y organizadora, Sonia Wroblrwski, la diputada provincial Blanca Núñez, madrina de la fiesta, y Luciana Oklander, presidenta de Neotropical Primate Conservation Argentina y coordinadora en el país del plan binacional para la reintroducción del mono carayá rojo.
En peligro de extinción
Pero detrás de la celebración hay una situación que preocupa a los especialistas. En Argentina quedan actualmente apenas unos 30 individuos adultos de carayá rojo, todos en Misiones, el único lugar del país donde habita la especie.
La población llegó a ser considerada extinta luego de los brotes de fiebre amarilla de 2008 y 2009. Recién cinco años después, un equipo de investigadores logró confirmar que todavía quedaban algunos grupos en la provincia.
"Después de los brotes de fiebre amarilla del 2008-2009 pensamos que estaba extinta la especie en Argentina. De hecho nosotros lo llamamos, además de ser el carayá rojo, el mono fénix, porque desde esa fecha del 2009 al 2014 pensamos que estaba extinta directamente la especie", relató Oklander en diálogo con La Voz de Misiones.
En 2014, un proyecto desarrollado junto a distintas entidades y con la ayuda de un perro entrenado para detectar heces permitió encontrar dos o tres grupos que habían sobrevivido.
“Por eso decimos que volvió de las cenizas, porque recién ahí lo volvimos a ver”, señaló.
A partir de entonces comenzaron a delinearse distintas estrategias para reforzar la población. La principal preocupación está relacionada con la fiebre amarilla, ya que un nuevo brote podría tener consecuencias definitivas para una especie que actualmente cuenta con muy pocos ejemplares en la tierra colorada.
“Si llega a venir otro brote de fiebre amarilla, con la cantidad de individuos que hay, se extingue la especie directamente”, advirtió la especialista.
Frente a ese escenario surgió la posibilidad de trabajar en conjunto con Brasil, donde existen ejemplares de monos carayá rojo en reservas, zoológicos y centros de rescate. Muchos de esos animales quedaron separados de su ambiente natural como consecuencia de la deforestación o fueron rescatados después de atropellamientos y electrocuciones en zonas urbanizadas.
La tercera edición volverá a reunir a la comunidad el 19 y 20 de septiembre. Y mientras Piñalito Sur prepara la fiesta de una especie que forma parte de su identidad, el proyecto binacional avanza con una meta concreta: que el carayá rojo vuelva a ocupar sectores de la selva misionera donde alguna vez estuvo y que el “mono fénix” tenga una nueva oportunidad.
Mono Carayá Rojo: fiesta, conservación y plan para repoblar la selva
La tercera edición de la Fiesta del Mono Carayá Rojo ya tiene fecha.
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RedacciónPeriodista10 de septiembre · 21:56
Jueves 10 de septiembre, 2026 · 21:56
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La celebración se realizará el 19 y 20 de septiembre en paraje Piñalito Sur, con una propuesta que combinará educación ambiental, cultura y actividades comunitarias para poner en valor a una de las especies emblemáticas de la selva misionera.
El lanzamiento se realizó este jueves con la presencia del ministro de Ecología, Martín Recamán, la representante de la Comisión Vecinal y organizadora, Sonia Wroblrwski, la diputada provincial Blanca Núñez, madrina de la fiesta, y Luciana Oklander, presidenta de Neotropical Primate Conservation Argentina y coordinadora en el país del plan binacional para la reintroducción del mono carayá rojo.
En peligro de extinción
Pero detrás de la celebración hay una situación que preocupa a los especialistas. En Argentina quedan actualmente apenas unos 30 individuos adultos de carayá rojo, todos en Misiones, el único lugar del país donde habita la especie.
La población llegó a ser considerada extinta luego de los brotes de fiebre amarilla de 2008 y 2009. Recién cinco años después, un equipo de investigadores logró confirmar que todavía quedaban algunos grupos en la provincia.
"Después de los brotes de fiebre amarilla del 2008-2009 pensamos que estaba extinta la especie en Argentina. De hecho nosotros lo llamamos, además de ser el carayá rojo, el mono fénix, porque desde esa fecha del 2009 al 2014 pensamos que estaba extinta directamente la especie", relató Oklander en diálogo con La Voz de Misiones.
En 2014, un proyecto desarrollado junto a distintas entidades y con la ayuda de un perro entrenado para detectar heces permitió encontrar dos o tres grupos que habían sobrevivido.
“Por eso decimos que volvió de las cenizas, porque recién ahí lo volvimos a ver”, señaló.
A partir de entonces comenzaron a delinearse distintas estrategias para reforzar la población. La principal preocupación está relacionada con la fiebre amarilla, ya que un nuevo brote podría tener consecuencias definitivas para una especie que actualmente cuenta con muy pocos ejemplares en la tierra colorada.
“Si llega a venir otro brote de fiebre amarilla, con la cantidad de individuos que hay, se extingue la especie directamente”, advirtió la especialista.
Frente a ese escenario surgió la posibilidad de trabajar en conjunto con Brasil, donde existen ejemplares de monos carayá rojo en reservas, zoológicos y centros de rescate. Muchos de esos animales quedaron separados de su ambiente natural como consecuencia de la deforestación o fueron rescatados después de atropellamientos y electrocuciones en zonas urbanizadas.
La tercera edición volverá a reunir a la comunidad el 19 y 20 de septiembre. Y mientras Piñalito Sur prepara la fiesta de una especie que forma parte de su identidad, el proyecto binacional avanza con una meta concreta: que el carayá rojo vuelva a ocupar sectores de la selva misionera donde alguna vez estuvo y que el “mono fénix” tenga una nueva oportunidad.
La situación de ambos países permitió pensar una estrategia conjunta. Mientras Brasil cuenta con animales que podrían regresar a la naturaleza, Misiones conserva grandes extensiones de selva aptas para recibirlos.
“Ellos tienen capacidad para volver a estar en la selva, lo que pasa es que en Brasil no queda tanta selva. En cambio nosotros en Argentina tenemos un montón de selva disponible, que es el hábitat perfecto porque ellos vivían acá. Entonces dijimos hagamos este proyecto donde ganamos ambos países y sobre todo gana la especie”, sostuvo Oklander.
Los carayá tienen, en promedio, una cría por año.
Cruce Caballero, el lugar elegido
El primer destino previsto para los ejemplares será el Parque Provincial Cruce Caballero, ubicado en San Pedro, un sitio donde históricamente habitaba el primate pero donde actualmente la especie ya no está presente. Incluso conserva un sendero denominado Carayá Rojo, aunque ya no quedan monos en ese sector.
La elección del lugar forma parte de una serie de evaluaciones necesarias para avanzar con una reintroducción de fauna silvestre. También fue necesario completar requisitos jurídicos y sanitarios entre Argentina y Brasil para garantizar que los ejemplares no introduzcan enfermedades.
“Primero tuvimos que hacer una evaluación de dónde, básicamente, cumpliendo con un montón de requisitos internacionales de lo que sería una reintroducción. Tiene que ser un lugar donde no haya más, donde se haya extinto”, detalló coordinadora del plan binacional.
Los controles sanitarios ya fueron cumplidos y actualmente el proyecto se encuentra a la espera de los trámites de importación. Una vez concretados, los animales serán trasladados a Güirá Oga, donde realizarán la cuarentena de recepción antes de avanzar hacia su liberación en Misiones.
Según contó Oklander a LVM, el plan contempla incorporar unos 50 individuos, una cantidad superior a la población adulta que actualmente sobrevive en Argentina. El proceso, sin embargo, será gradual, debido a las características sociales de la especie.
“No es como traer aves o felinos, otras especies, que es más simple. Estos animales viven en grupo y si no están en grupo se deprimen, son como nosotros, son primates, entonces tenemos que traerlos en grupo”, relató.
La intención es trasladar grupos de alrededor de cinco ejemplares, conformados al menos por un macho y una hembra. Luego de la liberación se realizará un seguimiento para comprobar que los animales logren adaptarse a la vida silvestre antes de avanzar con nuevos grupos.
“Una vez que estamos seguros que andan bien, viene otro grupo. La idea es hacerlo de manera seriada y haciendo también un seguimiento de los grupos que llegan para ver que estén todos bien, porque vienen de cautiverio y hay que hacer un seguimiento para ver si realmente se han adaptado a la vida silvestre”, precisó.
El objetivo final es que esos 50 ejemplares puedan contribuir a recuperar las poblaciones de la especie en la provincia. Los carayá tienen, en general, una cría por año, por lo que el crecimiento progresivo de esos grupos permitiría fortalecer la población a largo plazo.
Especie que ayuda a regenerar el monte
El valor del carayá rojo para el ecosistema misionero va mucho más allá de su presencia como una de las especies características de la selva. Su dieta está compuesta por hojas, frutas y flores, y al alimentarse de frutos cumple un papel importante en la dispersión de semillas.
“Cuando pasa el tracto digestivo esa semilla se activa y no solo eso, al caer con la materia orgánica tiene como una bolita de abono que hace que esa semilla tenga mucha más probabilidad de germinar y de llegar a ser un árbol”, describió Oklander.
También ocupa un lugar dentro de la cadena alimentaria y necesita de un bosque con determinadas características para sobrevivir. Entre sus depredadores se encuentran las águilas arpías y los yaguaretés.
Por ese motivo, la presencia del carayá puede ser una señal de que el ambiente conserva condiciones suficientes para sostener a muchas otras especies.
“Se los llama especies paraguas porque si hay un bosque capaz de soportar un mono, entonces todas las especies que necesitan menos que eso, por ejemplo reptiles e insectos, van a poder vivir en ese ambiente”, sostuvo Oklander.
De esa manera, recuperar al carayá rojo implica también conservar el bosque que necesita para vivir y, con él, una amplia variedad de especies que forman parte de la selva misionera.
Ángel de la guarda
La misma enfermedad que puso a la especie al borde de la desaparición también convirtió a los monos aulladores en una especie de sistema de alerta para detectar la circulación de la fiebre amarilla.
Los primates pueden infectarse cuando son picados por mosquitos portadores del virus. En el caso de los carayá, la enfermedad avanza rápidamente y puede provocar la muerte de varios ejemplares de un mismo grupo en pocos días.
“En Brasil a los monos aulladores los llaman ángel de la guarda, porque cuando se enferman de fiebre amarilla, que ellos no transmiten, pero todos los primates nos contagiamos igual, viene un mosquito que tiene el virus, nos pica, nos enfermamos y estos monos se enferman muy rápido”, indicó la especialista.
La mortandad de los animales funciona entonces como una señal visible de que el virus comenzó a circular en una zona, lo que permite activar medidas sanitarias y avanzar con la vacunación de la población.
“Esto avisa y da tiempo a las autoridades a ir a vacunar a las zonas donde está llegando la fiebre amarilla”, añadió.
La circulación del virus está vinculada con los mosquitos y, según Oklander, todavía no existe una explicación definitiva sobre qué factores ambientales favorecen su aparición.
“Algunos dicen que es la sequía, otros, que son años de más humedad, pero la cuestión es que a veces llegan estos mosquitos con virus y la única manera que tenemos de saber que han llegado es la mortandad de estos animales”, afirmó.
Una fiesta con la conservación como bandera
En Piñalito Sur, la problemática de la especie también encontró una forma de convertirse en encuentro comunitario. La Fiesta del Mono Carayá Rojo busca que la conservación no quede limitada al trabajo de investigadores y organismos ambientales, sino que forme parte de la identidad de la localidad.
La celebración tendrá actividades educativas, recreativas y culturales, además de propuestas destinadas a acercar a vecinos y visitantes al conocimiento de la biodiversidad misionera.
La segunda edición, realizada en 2025, contó con un stand de Educación Ambiental y la participación de guardaparques, junto con música en vivo, talleres, juegos y una feria local. La iniciativa fue declarada de Interés Municipal y Provincial.
La situación de ambos países permitió pensar una estrategia conjunta. Mientras Brasil cuenta con animales que podrían regresar a la naturaleza, Misiones conserva grandes extensiones de selva aptas para recibirlos.
“Ellos tienen capacidad para volver a estar en la selva, lo que pasa es que en Brasil no queda tanta selva. En cambio nosotros en Argentina tenemos un montón de selva disponible, que es el hábitat perfecto porque ellos vivían acá. Entonces dijimos hagamos este proyecto donde ganamos ambos países y sobre todo gana la especie”, sostuvo Oklander.
Los carayá tienen, en promedio, una cría por año.
Cruce Caballero, el lugar elegido
El primer destino previsto para los ejemplares será el Parque Provincial Cruce Caballero, ubicado en San Pedro, un sitio donde históricamente habitaba el primate pero donde actualmente la especie ya no está presente. Incluso conserva un sendero denominado Carayá Rojo, aunque ya no quedan monos en ese sector.
La elección del lugar forma parte de una serie de evaluaciones necesarias para avanzar con una reintroducción de fauna silvestre. También fue necesario completar requisitos jurídicos y sanitarios entre Argentina y Brasil para garantizar que los ejemplares no introduzcan enfermedades.
“Primero tuvimos que hacer una evaluación de dónde, básicamente, cumpliendo con un montón de requisitos internacionales de lo que sería una reintroducción. Tiene que ser un lugar donde no haya más, donde se haya extinto”, detalló coordinadora del plan binacional.
Los controles sanitarios ya fueron cumplidos y actualmente el proyecto se encuentra a la espera de los trámites de importación. Una vez concretados, los animales serán trasladados a Güirá Oga, donde realizarán la cuarentena de recepción antes de avanzar hacia su liberación en Misiones.
Según contó Oklander a LVM, el plan contempla incorporar unos 50 individuos, una cantidad superior a la población adulta que actualmente sobrevive en Argentina. El proceso, sin embargo, será gradual, debido a las características sociales de la especie.
“No es como traer aves o felinos, otras especies, que es más simple. Estos animales viven en grupo y si no están en grupo se deprimen, son como nosotros, son primates, entonces tenemos que traerlos en grupo”, relató.
La intención es trasladar grupos de alrededor de cinco ejemplares, conformados al menos por un macho y una hembra. Luego de la liberación se realizará un seguimiento para comprobar que los animales logren adaptarse a la vida silvestre antes de avanzar con nuevos grupos.
“Una vez que estamos seguros que andan bien, viene otro grupo. La idea es hacerlo de manera seriada y haciendo también un seguimiento de los grupos que llegan para ver que estén todos bien, porque vienen de cautiverio y hay que hacer un seguimiento para ver si realmente se han adaptado a la vida silvestre”, precisó.
El objetivo final es que esos 50 ejemplares puedan contribuir a recuperar las poblaciones de la especie en la provincia. Los carayá tienen, en general, una cría por año, por lo que el crecimiento progresivo de esos grupos permitiría fortalecer la población a largo plazo.
Especie que ayuda a regenerar el monte
El valor del carayá rojo para el ecosistema misionero va mucho más allá de su presencia como una de las especies características de la selva. Su dieta está compuesta por hojas, frutas y flores, y al alimentarse de frutos cumple un papel importante en la dispersión de semillas.
“Cuando pasa el tracto digestivo esa semilla se activa y no solo eso, al caer con la materia orgánica tiene como una bolita de abono que hace que esa semilla tenga mucha más probabilidad de germinar y de llegar a ser un árbol”, describió Oklander.
También ocupa un lugar dentro de la cadena alimentaria y necesita de un bosque con determinadas características para sobrevivir. Entre sus depredadores se encuentran las águilas arpías y los yaguaretés.
Por ese motivo, la presencia del carayá puede ser una señal de que el ambiente conserva condiciones suficientes para sostener a muchas otras especies.
“Se los llama especies paraguas porque si hay un bosque capaz de soportar un mono, entonces todas las especies que necesitan menos que eso, por ejemplo reptiles e insectos, van a poder vivir en ese ambiente”, sostuvo Oklander.
De esa manera, recuperar al carayá rojo implica también conservar el bosque que necesita para vivir y, con él, una amplia variedad de especies que forman parte de la selva misionera.
Ángel de la guarda
La misma enfermedad que puso a la especie al borde de la desaparición también convirtió a los monos aulladores en una especie de sistema de alerta para detectar la circulación de la fiebre amarilla.
Los primates pueden infectarse cuando son picados por mosquitos portadores del virus. En el caso de los carayá, la enfermedad avanza rápidamente y puede provocar la muerte de varios ejemplares de un mismo grupo en pocos días.
“En Brasil a los monos aulladores los llaman ángel de la guarda, porque cuando se enferman de fiebre amarilla, que ellos no transmiten, pero todos los primates nos contagiamos igual, viene un mosquito que tiene el virus, nos pica, nos enfermamos y estos monos se enferman muy rápido”, indicó la especialista.
La mortandad de los animales funciona entonces como una señal visible de que el virus comenzó a circular en una zona, lo que permite activar medidas sanitarias y avanzar con la vacunación de la población.
“Esto avisa y da tiempo a las autoridades a ir a vacunar a las zonas donde está llegando la fiebre amarilla”, añadió.
La circulación del virus está vinculada con los mosquitos y, según Oklander, todavía no existe una explicación definitiva sobre qué factores ambientales favorecen su aparición.
“Algunos dicen que es la sequía, otros, que son años de más humedad, pero la cuestión es que a veces llegan estos mosquitos con virus y la única manera que tenemos de saber que han llegado es la mortandad de estos animales”, afirmó.
Una fiesta con la conservación como bandera
En Piñalito Sur, la problemática de la especie también encontró una forma de convertirse en encuentro comunitario. La Fiesta del Mono Carayá Rojo busca que la conservación no quede limitada al trabajo de investigadores y organismos ambientales, sino que forme parte de la identidad de la localidad.
La celebración tendrá actividades educativas, recreativas y culturales, además de propuestas destinadas a acercar a vecinos y visitantes al conocimiento de la biodiversidad misionera.
La segunda edición, realizada en 2025, contó con un stand de Educación Ambiental y la participación de guardaparques, junto con música en vivo, talleres, juegos y una feria local. La iniciativa fue declarada de Interés Municipal y Provincial.