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Brasil se encamina a las elecciones generales del próximo domingo, en un escenario que describe la carrera presidencial más cerrada desde el retorno de la democracia en el país, en 1985.
El gigante sudamericano elige presidente y vicepresidente, 27 gobernadores, 54 senadores, 513 diputados federales y más de mil escaños estatales, en unos comicios que convocan a unos 158 millones de electores, y donde si ninguno de los candidatos logra superar el 50% de los votos válidos, reserva una segunda vuelta para el 25 de octubre.
La oferta electoral registra 12 candidaturas presidenciales, que barren el espectro político de izquierda a derecha y donde la nota es la alta fragmentación.
La puja electoral se concentra, empero, en las candidaturas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a su cuarto mandato; y el candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, que busca recuperar para su familia el cargo que, entre 2018 y 2022, ocupó su padre, Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por tentativa de golpe de Estado.
El oficialismo estructuró una amplia coalición de centroizquierda encabezada Lula y su compañero de chapa, Geraldo Alckmin, agrupando desde el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Socialista Brasileño (PSB), hasta formaciones ecologistas y de izquierda, como el Partido Verde (PV), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y Rede.
La izquierda más radical presenta candidatos propios, como Samara Martins, de Unidad Popular; Hertz Dias, del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado; Edmilson Costa, del Partido Comunista Brasileño; y Rui Costa Pimenta, del Partido de la Causa Obrera.
En el otro extremo, el campo conservador y de derecha también llega al domingo atomizado en diversas expresiones políticas, entre las que sobresale la de Bolsonaro, que constituye la plataforma de mayor volumen electoral y el principal adversario del líder obrero.
Sectores del agronegocio y del liberalismo económico compiten con opciones propias de centroderecha, como Ronaldo Caiado, del Partido Social Democrático; y Romeu Zema, de Novo; en un espectro de candidaturas que incluye figuras como Renan Santos, de Missão; Augusto Cury, de Avante; Clariana Barão, de la Democracia Cristiana; y el demócrata Wilson Grassi.
Los sondeos de la última semana de septiembre, muestran un escenario de extrema polarización y anticipan la necesidad de una segunda vuelta electoral.
Brasil se encamina a las elecciones generales del próximo domingo, en un escenario que describe la carrera presidencial más cerrada desde el retorno de la democracia en el país, en 1985.
El gigante sudamericano elige presidente y vicepresidente, 27 gobernadores, 54 senadores, 513 diputados federales y más de mil escaños estatales, en unos comicios que convocan a unos 158 millones de electores, y donde si ninguno de los candidatos logra superar el 50% de los votos válidos, reserva una segunda vuelta para el 25 de octubre.
La oferta electoral registra 12 candidaturas presidenciales, que barren el espectro político de izquierda a derecha y donde la nota es la alta fragmentación.
La puja electoral se concentra, empero, en las candidaturas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que aspira a su cuarto mandato; y el candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, que busca recuperar para su familia el cargo que, entre 2018 y 2022, ocupó su padre, Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por tentativa de golpe de Estado.
El oficialismo estructuró una amplia coalición de centroizquierda encabezada Lula y su compañero de chapa, Geraldo Alckmin, agrupando desde el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Socialista Brasileño (PSB), hasta formaciones ecologistas y de izquierda, como el Partido Verde (PV), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y Rede.
La izquierda más radical presenta candidatos propios, como Samara Martins, de Unidad Popular; Hertz Dias, del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado; Edmilson Costa, del Partido Comunista Brasileño; y Rui Costa Pimenta, del Partido de la Causa Obrera.
En el otro extremo, el campo conservador y de derecha también llega al domingo atomizado en diversas expresiones políticas, entre las que sobresale la de Bolsonaro, que constituye la plataforma de mayor volumen electoral y el principal adversario del líder obrero.
Sectores del agronegocio y del liberalismo económico compiten con opciones propias de centroderecha, como Ronaldo Caiado, del Partido Social Democrático; y Romeu Zema, de Novo; en un espectro de candidaturas que incluye figuras como Renan Santos, de Missão; Augusto Cury, de Avante; Clariana Barão, de la Democracia Cristiana; y el demócrata Wilson Grassi.
Los sondeos de la última semana de septiembre, muestran un escenario de extrema polarización y anticipan la necesidad de una segunda vuelta electoral.
Con Lula marcando entre 39% y 42% y Flávio Bolsonaro, ubicando en el rango del 34% al 37%, la brecha a favor del oficialismo resulta insuficiente para evitar el balojate, donde también las encuestas ubican cabeza a cabeza a ambos candidatos y proyectan una mínima ventaja del presidente sobre su adversario, de entre el 1 y el 3% de los votos.
Con Lula marcando entre 39% y 42% y Flávio Bolsonaro, ubicando en el rango del 34% al 37%, la brecha a favor del oficialismo resulta insuficiente para evitar el balojate, donde también las encuestas ubican cabeza a cabeza a ambos candidatos y proyectan una mínima ventaja del presidente sobre su adversario, de entre el 1 y el 3% de los votos.