La Región
Corrientes: participó en fiesta de bautismo del Ejército Argentino y murió

En la ciudad de Paso de los Libres, un subteniente del Ejército Argentino, junto a compañeros y jefes del Grupo de Artillería 3, murió luego de haber participado de una fiesta de iniciación, también conocida como bautismo.
Matías Ezequiel Chirino, de 22 años era oriundo de la ciudad cordobesa de Río Cuarto. El joven militar había sido trasladado hace días al mencionado grupo de la ciudad correntina.
A las 5 de ayer, domingo un oficial de servicio fue alertado en el Casino de oficiales por dos compañeros de Chirino, quienes le advirtieron que el subteniente estaba inconsciente en la habitación.
De inmediato, el oficial de servicio fue hasta la habitación y constató que tenía el cuerpo frío, mientras que sus signos vitales eran muy débiles, por lo cual dio aviso a un superior del Grupo de Artillería, quien ordenó el traslado del joven al hospital San José donde, pese a las tareas de los médicos del servicio de guardia, el militar falleció.
En tanto, se indicó que, en principio, se investigó el caso como averiguación de causal de muerte, pero al haberse descompensado en un destacamento del Ejército tras una fiesta de iniciación, la causa pasó luego a manos de la Justicia Federal de esa ciudad correntina y quedó a cargo del fiscal Fabián Martínez, según medios locales.
El Ministerio Público Fiscal informó que, tras la muerte del subteniente, el médico de la policía local, Comisario Mayor Carlos Vizcaíno, estimó que la muerte se habría producido tras un cuadro de broncoaspiración aunque se aguardan los resultados de la autopsia para que se determine la causa oficial de muerte.
El Ejército Argentino emitió un comunicado en el que lamentó “el fallecimiento” de Chirino y acompañó “en el dolor a sus camaradas y afectos más cercanos”, mientras que, según señaló en el documento, el joven “descansaba” en el Casino de Oficiales de la Unidad Militar cuando “sufrió un cuadro de descompensación”.
También se notificó que el Comandante de la 12ª Brigada de Monte y el Jefe del Grupo de Artillería de Monte 3 “se reunieron con el padre” de subteniente fallecido para asistirlo y “brindarle apoyo y acompañamiento para trasladar los restos de su hijo hacia la ciudad de Río Cuarto, Córdoba”.
“Me lo mataron, no hay dudas”
“Estoy destruido, quebrado, todavía no entiendo que pasó”, expresó Exequiel Chirino, el padre del joven de 22 años. Abusaron de su autoridad. Son una lacra. Con toda frialdad me llamaron y me dijeron: ‘venga que su hijo está muerto'”, agregó.
“Le hicieron tomar alcohol, y lo obligaron a tirarse a la pileta… y se ahogó. Me llamaron por teléfono y me dijeron: ‘Ud es el padre de Matías Chirino?… venga que murió su hijo’. Así, con una frialdad absoluta”.
“Estoy desesperado, mi hijo tenía que presentarse el lunes. Estaba alojado en el hotel Alejandro. Yo lo acompañé para preparar todo y que llegue puntual al ingreso, estoy totalmente quebrado y destrozado”, contó Chirino.
Y dio detalles: “le exigieron a mi hijo a tomar. Le tenían que hacer la bienvenida a mi hijo y estos oficiales, Jorge Chávez y Exequiel Mesa, lo obligaron a comprar bebidas en exceso, cigarrillos, carne, whisky, postre. Matías pidió permiso para llegar una hora más tarde y le dicen que no hay problema”.
Lo obligaron a tomar en exceso y a tirarse a la pileta: “en el Ejército eso es una tradición, todos lo saben, le hicieron tirar a una pileta, después le pidieron más cigarrillos y fernet”.
Al mismo tiempo, el padre, describió: “a las 8 de la mañana, me llama el encargado me dice si habla con el papá de Matias Chirino y me dice ‘venga a buscarlo porque está muerto’. Me agarró un ataque de nervios, tiré el celular, luego cuando hablo de nuevo le pregunté qué pasó”.
“Salí del hotel, me fui hasta el destacamento, y hasta el hospital. Allí encontré a mi hijo con la camisa rota, desnudo y muerto, nadie me dio explicaciones de qué pasó, por qué, después tuve que hacer la denuncia en Gendarmería”, en diálogo con Radio Dos. .
Y agregó: “un camarada de Matías me acompañó y me contuvo en todo momento y hasta el día de hoy no tengo explicaciones, no me sabe decir nada el jefe de la unidad”.
Además, el padre del subteniente, manifestó: “hablé con un general y me dijo que iba a hacer todo lo posible para que se aclare lo que pasó con mi hijo”.
Frontera
Se derrumba un edificio en Encarnación y mueren dos mujeres

Un edificio de ocho pisos, que estaba en construcción, se derrumbó anoche en Encarnación, provocando la muerte de dos mujeres, cuyos cuerpos fueron rescatados esta mañana de entre los escombros por una unidad de bomberos voluntarios.
El siniestro ocurrió en el barrio encarnaceno San Roque, muy próximo al centro y la costanera de la ciudad, y fue captado por cámaras de seguridad que registraron el instante preciso en que la estructura colapsa y se viene abajo como un castillo de naipes.
Según confirmaron las autoridades policiales y municipales, al momento del desastre se encontraban en el lugar una mujer de 55 años, identificada como Hermelinda Báez, y su nieta, Montserrat Brítez, una adolescente de 15 años, a quienes el sereno del edificio les había acondicionado una de las habitaciones en construcción para que pasaran la noche.
Finalmente, y tras largas de horas de trabajo, con ayuda de perros y maquinarias, los rescatistas pudieron dar con los cuerpos sin vida de ambas mujeres, oriundas de Capitán Miranda, un distrito ubicado a unos 15 kilómetros al Este de Encarnación.
Esta mañana, en una rueda de prensa, el intendente Luis Yd y el director de Obras de la Municipalidad, René Miglio, lamentaron el fallecimiento de la abuela y su nieta, y aseguraron que la construcción contaba con todos los permisos correspondientes.
Sin embargo, aclararon que luego de una fiscalización constataron que los responsables de la obra agregaron más pisos a la estructura y que por ello se les impuso una multa que pagaron para regularizar la situación ante la comuna.
Miglio enfatizó que el edificio no estaba habilitado para el uso y tampoco para que personas extrañas a la obra se quedaran a dormir en el sitio.
La Región
Sacerdote expuso estado de madres de niñas misioneras asesinadas en Paraguay

El sacerdote franciscano de Bahía Blanca, Rodolfo Viano, denunció en sus redes, en un texto que fue levantado, este miércoles, por el diario porteño Página/12, que las madres de María Carmen y Lilian Mariana, las niñas misioneras asesinadas el 2 de setiembre de 2020 por fuerzas militares paraguayas, Laura y Cármen Villalba, están recluidas en ese país en “condiciones inhumanas”.
El cura Viano relata en su escrito la reciente visita que hizo a Laura y su hermana Carmen en la cárcel de Minga Guazú, un penal de máxima seguridad ubicado a 13 kilómetros de Ciudad del Este, donde están recluidas bajo un régimen estricto y aisladas entre ellas.
“Lesa humanidad contra tres mujeres en Paraguay”, tituló el diario porteño el texto del sacerdote de Bahía Blanca, que entrevistó, también, en el penal a Francisca Andino, otra de las presas alojadas en la misma unidad que las hermanas Villalba.
Encapuchadas
“El miércoles 26 de marzo pasado tuve la oportunidad de conversar con tres mujeres de Paraguay encerradas y aisladas, por orden del Ministerio de Justicia del actual gobierno nacional de ese país, dada su presunta pero injustificada peligrosidad, desde mediados de octubre pasado, en la cárcel de varones de Minga Guazú, que alardea de ser un ‘centro de reinserción social’ por el camino –imposible– del punitivismo extremo”, escribe Viano y denuncia: Carmen Villalba, Laura Villalba (su hermana) y Francisca Andino padecen condiciones inhumanas dentro de un régimen especial improvisado para ellas, al que fueron sumando otras diez mujeres excluidas de una vida digna casi desde sus nacimientos, con no pocas irregularidades que aparecen detectadas e informadas por el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura del mismo Estado Paraguayo”.
“Cada una de las tres fueron llegando al locutorio esposadas y tabicadas con una capucha negra, que las hace respirar con dificultad por su grosor y hediondez, conducidas por guardiacárceles mujeres, que las llevaron descendiendo por empinadas escaleras desde el piso superior del penal, escaleras por las que podrían caer y golpearse al no poder contar con un mínimo de autonomía visual”, cuenta el cura.
Revela que las presas “solo están libres de capucha cuando están en su reducida celda, jaula casi sin pertenencias personales, donde está su duro lecho de descanso, su letrina maloliente, un grifo de agua salada, y donde intentan llevar una rutina de gimnasia y lectura, cuando no llegan para amedrentarlas con innecesarias e imprevistas requisas”.
Auriculares
Viano cuenta que entrevistó a las presas, “una por una”, a través de un “grueso vidrio” y que conversó con ellas, por espacio de no más de una hora, mediante “auriculares”.
“La primera que llega es Carmen, privada de libertad desde 2003, los últimos años en la cárcel de mujeres del Buen Pastor (en Asunción), donde terminó sus estudios universitarios de sicología, con una institución privada, de modo virtual, que se pudo pagar vendiendo comidas y artesanías desde el penal, trasladada a Minga Guazú sin explicaciones, habiendo cumplido en Asunción su condena más de dos años antes, pero prolongada amañadamente, ella cuidándose de hacer buena letra para salir y colaborar en la búsqueda de su hija Lichita –como hace tiempo le indicó el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU al gobierno paraguayo-, desaparecida el 30 de noviembre del 2020, a manos de las impunes Fuerzas de Tarea Conjunta del Estado Paraguayo”, relata el cura.
En otro tramo del escrito, Viano afirma que las guardias del penal “se roban” las encomiendas que él y otros allegados envían regularmente a las presas, y que, incluso, éstas tienen dificultades hasta para conseguir elementos básicos de higiene personal y agua para beber.
“Quienes tratamos de acercarles alguna encomienda con frecuencia quincenal o mensual notamos un ‘agujero negro’ que se traga, digamos sin eufemismos, se roba, lo que está destinado para ellas”, asegura. “Escoba, escurridor y palangana ellas tienen que pedirlos vez por vez, también el agua para beber –imaginemos días de mucho calor y por tanto mucha sed-, primero con paciencia, al cabo de un rato insistiendo, y luego de horas, a los gritos y golpeando los barrotes”, reseña.
Sobre Laura, que trabajó en una clínica privada en Puerto Rico hasta diciembre de 2019, en que cruzó a Paraguay, junto a su hija María Carmen y su sobrina Lilian Mariana, y ya no pudo regresar por las restricciones fronterizas de la pandemia, Viano afirma que la mujer le pidió que le enviara “alguna encomienda con leche, yerba mate, alguna proteína bajo forma de paté o fiambre aunque no sean alimentos saludables”, ya que “sospecha que, aunque rechazan la atención psiquiátrica que les prescribe sicofármacos, algo les estén mezclando en los alimentos y en el agua”.
Persecución
A diferencia de Carmen, Laura está recluida desde 2020. Fue capturada por la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) del gobierno paraguayo, luego de ser testigo del ataque al campamento donde murieron las niñas, y de donde alcanzó a escapar junto a otra de las hijas de su hermana, Lichita, de 14 años, que había sido herida en una pierna y desapareció ese mismo día, presumiblemente, secuestrada por las fuerzas militares.
La ex enfermera de Puerto Rico fue condenada a 30 años de prisión en diciembre del año pasado, por los delitos de terrorismo, asociación terrorista y violación de la Ley de Armas, y al igual que Carmen estaba acusada de pertenecer al grupo guerrillero autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
Lo cierto es que, al momento del ataque de la FTC al campamento guerrillero en el Departamento de Concepción, en el norte del país, Laura Villalba y las niñas se encontraban visitando a los padres de éstas, que sí son integrantes del grupo armado.
El caso de las niñas asesinadas y de la adolescente Villalba desaparecida, provocó, enseguida la repercusión internacional e involucró al gobierno argentino de entonces, que exigió a su par paraguayo un pronto esclarecimiento de los hechos, que hasta el día de hoy no se ha producido.
Laura y el resto de su familia venían denunciando, por años, al Estado paraguayo por “persecución y hostigamiento”, por lo que se habían mudado al interior misionero, de donde partieron a Paraguay unos meses antes de la pandemia de covid para ya no volver.

El cura párroco Rodolfo Viano.
Frontera
Bullrich sobre balaceras contra gendarmes en Irigoyen: “No nos amedrentan”

“No nos amedrentan, ni nos van a detener”, afirmó hoy la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, en relación a las balaceras cometidas esta madrugada en contra de inmuebles pertenecientes a dos agentes de Gendarmería Nacional Argentina (GNA) en Bernardo de Irigoyen.
La funcionaria resaltó que el hecho se haya producido en el mismo lugar “donde pusimos en marcha el Plan Guacurarí”, iniciativa que busca reforzar la seguridad en la frontera con Brasil con un lógica similar al Plan Güemes, implementado en diciembre pasado en Salta.
El denominado Plan Guacurarí iba a ser lanzado en Irigoyen el pasado 9 de marzo con la presencia de la propia de Bullrich en territorio, pero la presentación finalmente fue suspendida por la trágica inundación en Bahía Blanca y desde ahí no hubo ningún otro anuncio oficial al respecto.
“Está claro que intentan intimidarnos porque metimos el dedo en la llaga y tocamos intereses poderosos”, especuló Bullrich en la publicación realizada en su cuenta X sobre el ataque sufrido por dos gendarmes de la localidad misionera ubicada en frontera seca con Brasil.
“No nos amedrentan, ni nos vamos a detener. Cada ataque es una señal de que estamos en el camino correcto. Ni un paso atrás”, cerró Bullrich.
12 DISPAROS: AUNQUE NOS ATAQUEN, SEGUIMOS FIRMES
En Bernardo de Irigoyen, Misiones, el mismo lugar donde pusimos en marcha el Plan Guaçurari para frenar los delitos en la frontera, atacaron a tiros la casa de un gendarme.
Está claro que intentan intimidarnos porque metimos el… pic.twitter.com/41gyFlnoV4
— Patricia Bullrich (@PatoBullrich) March 28, 2025
Balaceras
Las balaceras se registraron esta madrugada. El primer ataque ocurrió a las 3 de la madrugada, cuando dos motociclistas se detuvieron frente a un galpón donde el segundo comandante del Escuadrón 12 de GNA tenía su Volkswagen Vento guardado e iniciaron una ráfaga de doce disparos contra el lugar.
Una hora y media más tarde, el blanco fue la casa de un cabo del mismo escuadrón, en el barrio Martín Fierro. Allí los disparos fueron cerca de 30, los cuales impactaron contra el inmueble y contra los dos vehículos del uniformados: una Ford Ranger y una camioneta Jeep.
Afortunadamente, en ninguno de los casos se registraron personas heridas y la primera hipótesis apunta a que los ataques se dieron a modo de respuesta por un reciente procedimiento contra cigarrilleros, operativo en el cual se incautaron mercadería y rodados.
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