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Advertencia previa al lector: el contenido de la presente nota de opinión puede herir la susceptibilidad de algún funcionario que, en virtud de su desconocimiento de los derechos constitucionales y su pulsión represiva, utilice luego su posición de poder para perseguir y coaccionar a quien esto escribe. No descarte que tal conducta contra el pensamiento y la opinión de sus semejantes puedan dirigirse en algún momento también hacia usted.
Ahora sí, vayamos a lo nuestro. En la historia política argentina hay más de un ejemplo de movimientos o partidos políticos cuyos integrantes fueron colectivamente identificados con un seudónimo de origen animal.
A los demócratas mendocinos se les decía “gansos” y a los antiperonistas de mediados de los ‘50 los bautizaron como “gorilas”. En años más recientes el origen patagónico de sus líderes hizo que a los kirchneristas se los denominara “pingüinos”, mientras que en la vereda de enfrente la interna del Pro se disputaba entre “halcones” y “palomas”. En la actualidad tenemos un presidente que se percibe a sí mismo como un león y se presenta como tal sin inhibiciones.
Misiones se apresta a escribir una nueva y gloriosa página en esto del animal naming. El tero (Vanellus chilensis) es una de las aves más familiares de la Tierra Colorada, y todos conocemos su estrategia defensiva de correr y gritar lejos de donde haya colocado sus huevos, para engañar a sus circunstanciales predadores.
Ese mismo comportamiento es el que ha venido presentando sin más la dirigencia del incipiente Movimiento por lo que viene (MPV), la fuerza política en la que se ha ¿reconvertido? el oficialismo misionero.
Esta semana que concluye hemos tenido una muestra elocuente de cómo se comportan estos nuevos teros misioneros. En la Cámara de Representantes, y con motivo de la inminente discusión del presupuesto, el oficialismo rechazó tratar sobre tablas informes solicitados por la oposición acerca de cuántos empleados públicos tiene la provincia y cuál es su masa salarial, cómo funcionan y rinden cuentas las SAPEM (Sociedades Anónimas con Participación Mayoritaria del Estado) y qué alcance real tuvo la tan publicitada eliminación de la “aduana paralela”.
Sin embargo, en los días previos, el presidente del bloque del MPV Juan José Szychowski, había declarado en Radio Up 95.5 que el tratamiento del presupuesto “tiene que ser absolutamente transparente. Cada funcionario debe explicar los números, qué se va a hacer y qué no se va a hacer.” Se grita transparencia por aquí, pero se rechaza abrir y explicar los números por allá. Bien tero.
No obstante, el diputado Szychowski fue por más. En la misma sesión no dudó en calificar a los pedidos de informes de la oposición como “un show mediático”. Sí. El mismo legislador que semanas atrás berreaba en pleno recinto por un patio, un pasillo, un estacionamiento y un sillón. Mas tero no se consigue.
La sola mención del inefable Szychowski nos conecta con la crisis yerbatera, otro ejemplo contundente de este contradictorio comportamiento oficialista entre lo que se exclama a los cuatro vientos y lo que se termina haciendo, o dejando de hacer.
Han transcurrido exactamente 2 años, 9 meses y 7 días desde aquel 20 de diciembre de 2023 en el que se publicó el DNU 70/2023 que arrasó con el producto más identitario de la Tierra Colorada. Hasta el día de hoy el gobierno de la provincia que concentra el 90% de la producción de yerba mate no ha logrado encontrar una solución real frente a la ruina de los productores.
2 años, 9 meses, 7 días. No faltó tiempo. Faltaron ideas y decisiones idóneas consecuentes con ellas. Sin embargo, abundaron palmadas en la espalda de los pequeños productores e infaltables declaraciones que incluían las palabras “acompañamiento” y “cercanía”, inútilmente repetidas hasta el hartazgo.
Volvamos a la transparencia. En la sesión de la Cámara de Representantes del 20 de agosto, la cambiante diputada Rita Flores, por ahora integrante de la bancada del MPV, solicitó aprobar un beneplácito por los cambios que el Ejecutivo impulsaba en el gabinete de ministros, y declaró que con ellos se buscaba una administración responsable y transparente. Reitero: responsable y transparente. Hasta los teros se sonrojarían con una afirmación de tal naturaleza.
Días antes de ese beneplácito, un intendente fue designado por el Poder Ejecutivo al frente de un ministerio en el que dispondrá de una caja de 2.672 millones de pesos de los contribuyentes. Con tres sentencias demoledoras, el Tribunal de Cuentas de Misiones había desaprobado las rendiciones de la gestión de ese intendente al frente de su municipio correspondientes a los años 2021, 2022 y 2023. Los invito a leer la minuciosa investigación realizada por el periodista Fernando Oz, titulada “Caja dulce: el ministro que maneja millones tras desaprobar tres años de gestión”, publicada en este mismo medio el domingo pasado.
La tendencia terera no se detiene ni ante la igualdad de género. El pasado miércoles, en un encuentro realizado en Oberá, la arquitecta Viviana Rovira habló frente a un millar de mujeres a quienes invitó a animarse a participar en política. Pero mientras el Movimiento por lo que Viene grita feminismo, los huevos de la realidad están bien escondidos en otra parte: de catorce ministerios que componen el gabinete de su esposo, hay ministras tan solo en dos: Silvana Giménez en Trabajo y Karina Aguirre en DD.HH. Una situación de enorme y manifiesta desigualdad que podría revertirse fácilmente con un simple decreto, decreto que jamás se redactó y ni siquiera estuvo en los planes.
¿Recuerda alguien la indignación que cundía entre los dirigentes del “novedoso” MPV por el alineamiento de los diputados y senadores de la caduca Renovación con la administración Milei? El transcurso de las sesiones en el Congreso Nacional nos muestra que nuestros legisladores en ambas cámaras siguen siendo fieles y puntuales facilitadores de las victorias parlamentarias del gobierno libertario. ¡Teru-teru!
Ya ha culminado la estudiantina de la ruptura y sus espectaculares saltos con garrocha. Quizás haya llegado el momento en el que la sociedad misionera deje de mirar hacia donde corren y gritan estos teros, y empiece a buscar dónde están escondidos sus huevos. En política siempre se podrá cambiar de nombre, de sigla y hasta de especie animal, pero tarde o temprano, los huevos aparecen y alguien deberá hacerse cargo de ellos.