Nueve caídos misioneros, historias de coraje y heroísmo en Malvinas
De 25 y 34 años, Estevez y Krause, eran los de mayor edad y rango de los nombres que la tierra colorada inscribió en el memorial de la guerra por la recuperación del archipiélago usurpado por los ingleses en 1.833. Los otros siete, eran conscriptos, de 18 y 19 años; soldados rasos, que cayeron luchando contra el enemigo, en condiciones muchas veces extremas y solo balanceables a fuerza de valor. Sus nombres están en el Monumento a Malvinas, en la Costanera de Posadas. Y cada uno tiene su calle, su plaza, su placa, en los pueblos misioneros que los vieron convertirse en héroes.
Cuerpo a cuerpo
Roberto Néstor Estevez era posadeño. En 1982, ostentaba el grado de subteniente de Infantería del Ejército Argentino. Se había graduado de oficial en el Colegio Militar de la Nación, en octubre de 1978.
Estevez pisó Malvinas el mismo 2 de abril, con las fuerzas de desembarco que llegaron a las islas a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar, en el que también iban otros misioneros, como el veterano de guerra Rodolfo Ramírez, entonces de 17 años, que servía en el Batallón de Artillería de Campaña N° 1 como jefe de pieza de un obús de 105 milímetros.
Según los testimonios de soldados que sirvieron bajo su mando, Estevez era un hombre tenaz, decidido, determinado, solidario con los suyos. Cuentan que dormía en el mismo pozo de zorro que sus hombres y siempre se aseguraba de que hubiera comida y abrigo para todos.
“Era un jefe que iba adelante”, que “nunca daba una orden que él no estuviera dispuesto a cumplir”, recuerda el soldado Sergio Daniel Rodríguez, " target="_blank" rel="noopener">en un video disponible en Youtube.
Rodríguez, que estaba estaba junto a Estevez cuando el misionero fue alcanzado por la ráfaga enemiga, relata emocionado en el video que su jefe, herido en piernas y brazos, seguía liderando la carga contra el avance de los ingleses en ese desolado paraje de la Isla Soledad, conocido como Pradera del Ganso o Goose Green, un asentamiento dedicado a la cría de ovejas, helado y monótono.
El veterano cuenta que Estevez, incluso, llegó a ofrecerle su propio casco, para que se protegiera del fuego británico que arreciaba sobre las fuerzas argentinas. Instantes después, fue alcanzado en el pómulo derecho y murió.