Cuando el salario no alcanza: deuda y pluriempleo entre los docentes misioneros
13 de septiembre · 13:04
PublicadoDomingo 13 de septiembre, 2026 · 13:04
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Por Lucas Ruiz Moreno
*Licenciado en Historia por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales- Unam.
Las transformaciones recientes del mundo del trabajo, en un contexto de crisis que se profundiza día a día, han configurado una clase trabajadora más heterogénea y atravesada por un creciente deterioro de sus condiciones laborales y salariales. Para una parte importante de los trabajadores, el salario de un único empleo ya no resulta suficiente para sostener la economía familiar. La necesidad de buscar otras fuentes de ingresos se convierte así en una respuesta cada vez más frecuente frente al deterioro de las condiciones de vida.
La docencia misionera no es ajena a este proceso. Su análisis adquiere particular relevancia en la provincia, tanto por tratarse del sector más numeroso de la administración pública como por las características específicas de su mercado laboral. Desde hace tiempo, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios docentes ha impulsado la acumulación de cargos y horas en distintos establecimientos, dando lugar a una figura cada vez más extendida: el denominado “docente taxi”, aquel que recorre varias escuelas para completar su jornada laboral y alcanzar un ingreso suficiente.
Los datos salariales elaborados por la Coordinación General de Estudio de Costos del Sistema Educativo (CGECSE), actualmente dependiente del Ministerio de Capital Humano, permiten dimensionar esta pérdida de poder adquisitivo. En la actualidad, el salario docente de un cargo testigo presenta un fuerte deterioro que, por su magnitud, remite a los niveles registrados durante la crisis de 2001 y los años posteriores de 2002 y 2003. La comparación resulta significativa: hoy, al igual que durante aquella etapa, el salario docente vuelve a ubicarse por debajo de las necesidades básicas de los hogares. Un maestro de grado con diez años de antigüedad y jornada completa no alcanza, con su salario de bolsillo, a cubrir una Canasta Básica Total.
La insuficiencia salarial tiene consecuencias sobre la organización del trabajo. La acumulación de cargos y horas en distintos establecimientos extiende y fragmenta la jornada, a la que se suman los tiempos de traslado y las tareas que continúan fuera del aula: planificación, corrección, elaboración de materiales y otras actividades indispensables para la enseñanza. La situación se vuelve aún más compleja en las zonas rurales y periféricas, donde las distancias, el estado de los caminos y las dificultades de transporte incrementan los tiempos de traslado. A esto se suma que , muchas de las cuales deben articular la actividad pedagógica con las tareas domésticas y de cuidado.
Cuando el salario no alcanza: deuda y pluriempleo entre los docentes misioneros
13 de septiembre · 13:04
PublicadoDomingo 13 de septiembre, 2026 · 13:04
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Por Lucas Ruiz Moreno
*Licenciado en Historia por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales- Unam.
Las transformaciones recientes del mundo del trabajo, en un contexto de crisis que se profundiza día a día, han configurado una clase trabajadora más heterogénea y atravesada por un creciente deterioro de sus condiciones laborales y salariales. Para una parte importante de los trabajadores, el salario de un único empleo ya no resulta suficiente para sostener la economía familiar. La necesidad de buscar otras fuentes de ingresos se convierte así en una respuesta cada vez más frecuente frente al deterioro de las condiciones de vida.
La docencia misionera no es ajena a este proceso. Su análisis adquiere particular relevancia en la provincia, tanto por tratarse del sector más numeroso de la administración pública como por las características específicas de su mercado laboral. Desde hace tiempo, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios docentes ha impulsado la acumulación de cargos y horas en distintos establecimientos, dando lugar a una figura cada vez más extendida: el denominado “docente taxi”, aquel que recorre varias escuelas para completar su jornada laboral y alcanzar un ingreso suficiente.
Los datos salariales elaborados por la Coordinación General de Estudio de Costos del Sistema Educativo (CGECSE), actualmente dependiente del Ministerio de Capital Humano, permiten dimensionar esta pérdida de poder adquisitivo. En la actualidad, el salario docente de un cargo testigo presenta un fuerte deterioro que, por su magnitud, remite a los niveles registrados durante la crisis de 2001 y los años posteriores de 2002 y 2003. La comparación resulta significativa: hoy, al igual que durante aquella etapa, el salario docente vuelve a ubicarse por debajo de las necesidades básicas de los hogares. Un maestro de grado con diez años de antigüedad y jornada completa no alcanza, con su salario de bolsillo, a cubrir una Canasta Básica Total.
La insuficiencia salarial tiene consecuencias sobre la organización del trabajo. La acumulación de cargos y horas en distintos establecimientos extiende y fragmenta la jornada, a la que se suman los tiempos de traslado y las tareas que continúan fuera del aula: planificación, corrección, elaboración de materiales y otras actividades indispensables para la enseñanza. La situación se vuelve aún más compleja en las zonas rurales y periféricas, donde las distancias, el estado de los caminos y las dificultades de transporte incrementan los tiempos de traslado. A esto se suma que , muchas de las cuales deben articular la actividad pedagógica con las tareas domésticas y de cuidado.
cerca del 80% del colectivo docente está integrado por mujeres
Frente a este escenario, resulta necesario mirar más allá del recibo de sueldo y conocer cómo la crisis impacta en la vida cotidiana de quienes sostienen las escuelas misioneras. Para ello, desde el Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (Ceics) realizamos una encuesta a 172 docentes de la provincia. Los resultados permiten dimensionar cómo la pérdida salarial se traduce en endeudamiento, búsqueda de ingresos adicionales y una creciente extensión de la jornada laboral.
Radiografía de un trabajo en crisis: entre la deuda y el pluriempleo
La pérdida de poder adquisitivo no se expresa únicamente en el valor del salario, sino también en las estrategias que los docentes deben desarrollar para sostener sus hogares. La encuesta realizada por el Ceics permite observar cómo esa situación se traduce en decisiones concretas sobre el consumo, el endeudamiento y el tiempo destinado al trabajo.
El 70% de los encuestados señaló que es jefe o principal sostén económico de su hogar. En este contexto, el endeudamiento aparece como una herramienta frecuente para llegar a fin de mes: el 88% manifestó haber tenido que endeudarse durante los últimos 12 meses para afrontar gastos habituales del hogar, mientras que más del 60% señaló que debe postergar compras, recurrir a préstamos o reducir gastos en rubros como salud y vestimenta, además de postergar pagos importantes. A su vez, el 92% afirmó que no logra ahorrar con sus ingresos. En conjunto, los datos muestran un escenario de fuerte fragilidad económica: el salario no alcanza para sostener con holgura los gastos corrientes y mucho menos permite generar capacidad de ahorro.
El trabajo adicional constituye otra de las respuestas frente a esta situación. Cuatro de cada diez docentes encuestados señalaron que buscan o realizan otro empleo no vinculado a la docencia para complementar sus ingresos. Entre quienes tienen una segunda actividad, el 98% afirmó que lo hace debido a la insuficiencia de su salario docente y más del 60% destina entre 10 y 20 horas semanales a ese trabajo. El 90% de quienes tienen un segundo empleo, además, señaló que el pluriempleo afecta su bienestar cotidiano. De esta manera, la insuficiencia salarial no solo obliga a buscar nuevas fuentes de ingresos, sino que también amplía una jornada laboral que ya se encuentra atravesada por múltiples tareas dentro y fuera de la escuela.
Las actividades desarrolladas son diversas. Algunas mantienen relación con la experiencia docente, como las clases particulares y el apoyo escolar, mientras que otras se encuentran completamente alejadas de la enseñanza: cuidado de niños o adultos mayores, limpieza, comercio, peluquería, fotografía, pastelería, venta de comidas, ropa y distintos productos. También aparecen docentes que aprendieron oficios como electricidad, plomería, carpintería, mecánica o refrigeración para generar una fuente adicional de ingresos. A esto se suman trabajos como conductores para aplicaciones como Didi o Uber y otras actividades por cuenta propia. En buena parte de los casos, se trata de ocupaciones informales, inestables y sin acceso a derechos laborales ni protección social.
Quizás una de las respuestas sintetiza mejor que ninguna otra esta realidad. Ante la pregunta sobre qué hacen para complementar sus ingresos, varios docentes respondieron: “Tratar de vender lo que sea”. La frase condensa una situación en la que el trabajo adicional deja de ser una elección y se convierte en una necesidad.
Las consecuencias de esta dinámica también aparecen en las respuestas vinculadas al bienestar. El 68% de los encuestados señaló tener problemas de estrés laboral y el 58% manifestó sufrir insomnio o cansancio crónico. A su vez, el 70% evaluó como poco o nada satisfactorio el equilibrio entre su vida laboral y su vida personal o familiar. La crisis salarial, entonces, no queda circunscripta al ingreso: se proyecta sobre el tiempo de trabajo, la vida familiar y las condiciones en las que los docentes desarrollan su vida cotidiana.
En este contexto, la necesidad de sumar actividades y extender las jornadas también puede aumentar la exposición a situaciones de extrema inseguridad. Un caso ocurrido en marzo de este año en la provincia de Buenos Aires permite dimensionar, en su expresión más extrema, algunos de estos riesgos: un docente de La Matanza que trabajaba en tres escuelas fue asesinado mientras conducía para la aplicación Didi. Sin establecer una relación causal entre ambos hechos, el episodio permite observar hasta dónde puede extenderse la jornada de un trabajador que necesita multiplicar sus fuentes de ingreso.
La situación plantea un problema que excede la capacidad individual de cada docente para “llegar a fin de mes”. El desafío no debería ser cuánto más puede trabajar un docente para compensar un salario insuficiente, sino cómo garantizar una remuneración y condiciones laborales que permitan vivir de la docencia. Recuperar el poder adquisitivo resulta indispensable para que sostener un hogar no dependa de multiplicar empleos, sumar horas y extender una jornada que ya se encuentra sobrecargada. De lo contrario, aquello que aparece como una estrategia para afrontar la crisis termina profundizando el mismo problema: más trabajo, menos tiempo y un mayor desgaste para quienes tienen a su cargo una tarea esencial para la sociedad.
Fuentes:
Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (CEICS). (2026). Encuesta sobre condiciones de trabajo docente – Misiones. Google Forms. https://forms.gle/QQePwWGMAwkmkeuMA
cerca del 80% del colectivo docente está integrado por mujeres
Frente a este escenario, resulta necesario mirar más allá del recibo de sueldo y conocer cómo la crisis impacta en la vida cotidiana de quienes sostienen las escuelas misioneras. Para ello, desde el Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (Ceics) realizamos una encuesta a 172 docentes de la provincia. Los resultados permiten dimensionar cómo la pérdida salarial se traduce en endeudamiento, búsqueda de ingresos adicionales y una creciente extensión de la jornada laboral.
Radiografía de un trabajo en crisis: entre la deuda y el pluriempleo
La pérdida de poder adquisitivo no se expresa únicamente en el valor del salario, sino también en las estrategias que los docentes deben desarrollar para sostener sus hogares. La encuesta realizada por el Ceics permite observar cómo esa situación se traduce en decisiones concretas sobre el consumo, el endeudamiento y el tiempo destinado al trabajo.
El 70% de los encuestados señaló que es jefe o principal sostén económico de su hogar. En este contexto, el endeudamiento aparece como una herramienta frecuente para llegar a fin de mes: el 88% manifestó haber tenido que endeudarse durante los últimos 12 meses para afrontar gastos habituales del hogar, mientras que más del 60% señaló que debe postergar compras, recurrir a préstamos o reducir gastos en rubros como salud y vestimenta, además de postergar pagos importantes. A su vez, el 92% afirmó que no logra ahorrar con sus ingresos. En conjunto, los datos muestran un escenario de fuerte fragilidad económica: el salario no alcanza para sostener con holgura los gastos corrientes y mucho menos permite generar capacidad de ahorro.
El trabajo adicional constituye otra de las respuestas frente a esta situación. Cuatro de cada diez docentes encuestados señalaron que buscan o realizan otro empleo no vinculado a la docencia para complementar sus ingresos. Entre quienes tienen una segunda actividad, el 98% afirmó que lo hace debido a la insuficiencia de su salario docente y más del 60% destina entre 10 y 20 horas semanales a ese trabajo. El 90% de quienes tienen un segundo empleo, además, señaló que el pluriempleo afecta su bienestar cotidiano. De esta manera, la insuficiencia salarial no solo obliga a buscar nuevas fuentes de ingresos, sino que también amplía una jornada laboral que ya se encuentra atravesada por múltiples tareas dentro y fuera de la escuela.
Las actividades desarrolladas son diversas. Algunas mantienen relación con la experiencia docente, como las clases particulares y el apoyo escolar, mientras que otras se encuentran completamente alejadas de la enseñanza: cuidado de niños o adultos mayores, limpieza, comercio, peluquería, fotografía, pastelería, venta de comidas, ropa y distintos productos. También aparecen docentes que aprendieron oficios como electricidad, plomería, carpintería, mecánica o refrigeración para generar una fuente adicional de ingresos. A esto se suman trabajos como conductores para aplicaciones como Didi o Uber y otras actividades por cuenta propia. En buena parte de los casos, se trata de ocupaciones informales, inestables y sin acceso a derechos laborales ni protección social.
Quizás una de las respuestas sintetiza mejor que ninguna otra esta realidad. Ante la pregunta sobre qué hacen para complementar sus ingresos, varios docentes respondieron: “Tratar de vender lo que sea”. La frase condensa una situación en la que el trabajo adicional deja de ser una elección y se convierte en una necesidad.
Las consecuencias de esta dinámica también aparecen en las respuestas vinculadas al bienestar. El 68% de los encuestados señaló tener problemas de estrés laboral y el 58% manifestó sufrir insomnio o cansancio crónico. A su vez, el 70% evaluó como poco o nada satisfactorio el equilibrio entre su vida laboral y su vida personal o familiar. La crisis salarial, entonces, no queda circunscripta al ingreso: se proyecta sobre el tiempo de trabajo, la vida familiar y las condiciones en las que los docentes desarrollan su vida cotidiana.
En este contexto, la necesidad de sumar actividades y extender las jornadas también puede aumentar la exposición a situaciones de extrema inseguridad. Un caso ocurrido en marzo de este año en la provincia de Buenos Aires permite dimensionar, en su expresión más extrema, algunos de estos riesgos: un docente de La Matanza que trabajaba en tres escuelas fue asesinado mientras conducía para la aplicación Didi. Sin establecer una relación causal entre ambos hechos, el episodio permite observar hasta dónde puede extenderse la jornada de un trabajador que necesita multiplicar sus fuentes de ingreso.
La situación plantea un problema que excede la capacidad individual de cada docente para “llegar a fin de mes”. El desafío no debería ser cuánto más puede trabajar un docente para compensar un salario insuficiente, sino cómo garantizar una remuneración y condiciones laborales que permitan vivir de la docencia. Recuperar el poder adquisitivo resulta indispensable para que sostener un hogar no dependa de multiplicar empleos, sumar horas y extender una jornada que ya se encuentra sobrecargada. De lo contrario, aquello que aparece como una estrategia para afrontar la crisis termina profundizando el mismo problema: más trabajo, menos tiempo y un mayor desgaste para quienes tienen a su cargo una tarea esencial para la sociedad.
Fuentes:
Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales (CEICS). (2026). Encuesta sobre condiciones de trabajo docente – Misiones. Google Forms. https://forms.gle/QQePwWGMAwkmkeuMA