Cuando la agenda pasa por decidir quién tiene la llave del portón trasero
Y todavía tienen el tupé de enojarse cuando les enrostran la verdad en un mísero tuit. Es que no hace falta más: se pegan solos, a la vista de todos, en vivo. Un buen ejemplo es la Cámara de Representantes de Misiones, convertida en un esperpéntico programa de streaming , donde la política ha descendido al nivel del sainete. Mientras tanto, allá afuera, en la Misiones reales —donde el hambre no entiende de reglamentos ni de fueros— hipotecamos el futuro de nuestras infancias.
Observa el panorama. Leo en las crónicas parlamentarias que escriben mis colegas que los honorables representantes del pueblo están enfrascados en una tienda de vital importancia estratégica para el Cantón: la ubicación de una banca y el derecho a un estacionamiento exclusivo .
¡Qué osadía! Quisiera poner un emoticón, el de los ojos grandes. Ahí lo tienen: el diputado Juan José Szychowski , alzando la voz con celo republicano digno de mejor causa, clamando contra los privilegios de Carlos Rovira , construidos y fortificados por su propio partido durante años. Pero, además, lo sostuvo con el visto bueno de sus socios políticos y del voto popular.
Ahora, los diputados se lamentan agriamente porque el chofer del hombre del cuadrito que todos tenían en sus despachos bloquea un pasillo trasero, porque hay un portón con candado que solo abre para el Ingeniero, el Driver, el Conductor. Todo un papelón porque las huestes del oficialismo y sus disidencias no pueden transitar alegremente hacia el patio. Se disputan los metros cuadrados como perros de presa peleando por la piltrafa.
Discuten si la banca de un diputado entorpece la cohesión de un bloque de dieciocho legisladores o si ingresan por la puerta principal pasando por el escáner como el resto de la tropa. Y para aderezar la tragicomedia, irrumpen las denuncias de amenazas de pasillo, mentiras por redes sociales y regateos miserables por el tablero electrónico de votación. Se dan cuenta de lo que estamos hablando: es el sainete de la mediocridad