Cargando...
Y un día se terminó la impunidad que rodeaba al crimen de María Esther Barrera (36) en Posadas. Su esposo, el ex gendarme formoseño Carlos Ramón Gómez (66), fue condenado a prisión perpetua y después de casi 25 años pasará noches de encierro en una cárcel del Servicio Penitenciario Provincial (SPP).
La sentencia fue impartida este mediodía por el Tribunal Penal Dos de Posadas, que de esta manera dio por cerrada una causa que tenía a un hombre imputado por asesinar a tiros a su esposa, pero que se dilató durante años a raíz de una resolución de sobreseimiento por inimputabilidad emitida en 2003 y que dio inicio a un largo período recursivo que llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN).
Luego de tres audiencias de debate en las que declararon peritos médicos, testigos directos del crimen y familiares de la víctima, el tribunal presidido por el magistrado César Antonio Yaya e integrado por los jueces de instrucción Carla Freitag y Juan Manuel Monte, ambos como subrogantes, declaró a Gómez penalmente responsable del delito de “homicidio calificado por el vínculo”.
El fallo coincidió plenamente con lo planteado en su alegato por el fiscal Vladimir Glinka, quien apuntó a Gómez como un hombre violento que "mató porque quiso, porque pudo y porque si María Esther no era de él no iba a ser de nadie".
La defensa, por su parte, integrada por los abogados particulares Mauricio Vergara y Olga Tabacchi, insistió en declarar la causa “cosa juzgada” y mantener vigente el sobreseimiento dictado en 2003.
En forma subsidiaria solicitaron que Gómez obtenga prisión domiciliaria, pedido que tampoco tuvo efecto ya que el tribunal dispuso que el hombre continúe alojado en la Unidad Penal VI de Miguel Lanús, recinto donde se encuentra desde el sábado, cuando se ordenó su detención para garantizar el inicio del debate oral.
Antes del fallo, e incluso antes del momento previsto para el uso sus últimas palabras, Gómez pidió hablar.
Y un día se terminó la impunidad que rodeaba al crimen de María Esther Barrera (36) en Posadas. Su esposo, el ex gendarme formoseño Carlos Ramón Gómez (66), fue condenado a prisión perpetua y después de casi 25 años pasará noches de encierro en una cárcel del Servicio Penitenciario Provincial (SPP).
La sentencia fue impartida este mediodía por el Tribunal Penal Dos de Posadas, que de esta manera dio por cerrada una causa que tenía a un hombre imputado por asesinar a tiros a su esposa, pero que se dilató durante años a raíz de una resolución de sobreseimiento por inimputabilidad emitida en 2003 y que dio inicio a un largo período recursivo que llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN).
Luego de tres audiencias de debate en las que declararon peritos médicos, testigos directos del crimen y familiares de la víctima, el tribunal presidido por el magistrado César Antonio Yaya e integrado por los jueces de instrucción Carla Freitag y Juan Manuel Monte, ambos como subrogantes, declaró a Gómez penalmente responsable del delito de “homicidio calificado por el vínculo”.
El fallo coincidió plenamente con lo planteado en su alegato por el fiscal Vladimir Glinka, quien apuntó a Gómez como un hombre violento que "mató porque quiso, porque pudo y porque si María Esther no era de él no iba a ser de nadie".
La defensa, por su parte, integrada por los abogados particulares Mauricio Vergara y Olga Tabacchi, insistió en declarar la causa “cosa juzgada” y mantener vigente el sobreseimiento dictado en 2003.
En forma subsidiaria solicitaron que Gómez obtenga prisión domiciliaria, pedido que tampoco tuvo efecto ya que el tribunal dispuso que el hombre continúe alojado en la Unidad Penal VI de Miguel Lanús, recinto donde se encuentra desde el sábado, cuando se ordenó su detención para garantizar el inicio del debate oral.
Antes del fallo, e incluso antes del momento previsto para el uso sus últimas palabras, Gómez pidió hablar.
“Si el señor Gómez se ofende porque le digo asesino, que se prepare porque le voy a seguir diciendo asesino, porque es lo que es”, retrucó el fiscal al iniciar su alegato, dando un adelanto de lo que sería su planteo final.
Glinka recordó que la materialidad y la autoría del hecho no tenía controversia alguna, lo que estaba en discusión era la declaración de inimputabilidad emitida en 2003, medida que calificó como una “alternativa inescrupulosa, desmesurada y machista acorde a la época”.
“Esta causa es muy sencilla. Tiene muchísimas pruebas. Es el femicidio más claro que hubo en la provincia, es para utilizarlo como ejemplo para explicar esta figura en las clases de la Facultad”, consideró Glinka.
Para Glinka, desde su separación con Barrera, el ex gendarme le hizo la vida imposible a la mujer para impedir que rehaga su vida con otro hombre.
Por eso, el 9 de diciembre de 2001, ingresó a la casa del nuevo novio de la mujer en el barrio San Lucas, extrajo su arma reglamentaria, le disparó cuatro veces y después llamó a su hijo para confesar el crimen.
Haciendo un repaso por las declaraciones que dieron cuenta del contexto de violencia en el que Gómez sumió a su esposa, el fiscal apuntó: “Acá Gómez no es una víctima, es el victimario. Gómez mató a María Esther porque quiso, porque tuvo ganas, porque pudo y porque sino era para él, no iba a ser nadie”.
El fiscal resaltó que el examen mental del acusado descartó patologías psíquicas en 2002, pero apuntó que los mismos peritos de parte que firmaron ese primer informe un día más tarde cambiaron de opinión y así se orquestó el resto de la estrategia defensiva hasta lograr la declaración inimputabilidad por estado de emoción violenta.
“Resulta que el mismo que hombre que persiguió durante horas a su ex, que se movilizó armado toda la noche y que entró apropósito a una casa ajena, justo en el momento de disparar cuatro veces no se acuerda de nada. Eso es tomarnos de tontos. ¿Les parece serio eso? La verdad que no, pero aun así, 25 años después, se sigue advirtiendo el mismo patrón en los mismos intervinientes”, criticó.
Glinka cerró su alegato con un pedido de prisión perpetua y un planteo para que la pena comience a ser purgada ya mismo, sin domiciliaria ni ninguna otra morigeración en sus condiciones de detención.
“Si el señor Gómez se ofende porque le digo asesino, que se prepare porque le voy a seguir diciendo asesino, porque es lo que es”, retrucó el fiscal al iniciar su alegato, dando un adelanto de lo que sería su planteo final.
Glinka recordó que la materialidad y la autoría del hecho no tenía controversia alguna, lo que estaba en discusión era la declaración de inimputabilidad emitida en 2003, medida que calificó como una “alternativa inescrupulosa, desmesurada y machista acorde a la época”.
“Esta causa es muy sencilla. Tiene muchísimas pruebas. Es el femicidio más claro que hubo en la provincia, es para utilizarlo como ejemplo para explicar esta figura en las clases de la Facultad”, consideró Glinka.
Para Glinka, desde su separación con Barrera, el ex gendarme le hizo la vida imposible a la mujer para impedir que rehaga su vida con otro hombre.
Por eso, el 9 de diciembre de 2001, ingresó a la casa del nuevo novio de la mujer en el barrio San Lucas, extrajo su arma reglamentaria, le disparó cuatro veces y después llamó a su hijo para confesar el crimen.
Haciendo un repaso por las declaraciones que dieron cuenta del contexto de violencia en el que Gómez sumió a su esposa, el fiscal apuntó: “Acá Gómez no es una víctima, es el victimario. Gómez mató a María Esther porque quiso, porque tuvo ganas, porque pudo y porque sino era para él, no iba a ser nadie”.
El fiscal resaltó que el examen mental del acusado descartó patologías psíquicas en 2002, pero apuntó que los mismos peritos de parte que firmaron ese primer informe un día más tarde cambiaron de opinión y así se orquestó el resto de la estrategia defensiva hasta lograr la declaración inimputabilidad por estado de emoción violenta.
“Resulta que el mismo que hombre que persiguió durante horas a su ex, que se movilizó armado toda la noche y que entró apropósito a una casa ajena, justo en el momento de disparar cuatro veces no se acuerda de nada. Eso es tomarnos de tontos. ¿Les parece serio eso? La verdad que no, pero aun así, 25 años después, se sigue advirtiendo el mismo patrón en los mismos intervinientes”, criticó.
Glinka cerró su alegato con un pedido de prisión perpetua y un planteo para que la pena comience a ser purgada ya mismo, sin domiciliaria ni ninguna otra morigeración en sus condiciones de detención.
A su turno, la defensa no se apartó ni un milímetro de la estrategia tendida desde el comienzo. “Acá no hay dudas de la materialidad del hecho, ni de quién fue el autor. Acá lo que se discutió fue si Gómez al momento del hecho era imputable o no”, trazó Vergara, que en respuesta al fiscal señaló que las “pericias nunca fueron refutadas”.
“No es simpático cómo, pero esto se resolvió y no hay forma de salvar este juicio. Esto es un barco hundido y hoy tienen la posibilidad de declarar la inexistencia este juicio”, agregó, siguiendo la línea que apunta a mantener vigente el sobreseimiento de 2003 y declarar nula todas las apelaciones y actuaciones posteriores.
Por último, esbozó que “si Gómez era tan frío y calculador como dicen acá, no iba a ir él a cometer el hecho, iba a contratar un pasero o un sicario para que lo haga o para qué iba a tirar cuatro veces si él sabía disparar por su trabajo”.
Gómez, en tanto, volvió a pedir la palabra y repitió gran parte de lo dicho al principio, aunque sumó un pedido: “Si me condenan, pido ir al penal de Cerro Azul donde hay un pabellón para las fuerzas. En otro lugar me sentiría inseguro, perseguido y amenazado”.
A su turno, la defensa no se apartó ni un milímetro de la estrategia tendida desde el comienzo. “Acá no hay dudas de la materialidad del hecho, ni de quién fue el autor. Acá lo que se discutió fue si Gómez al momento del hecho era imputable o no”, trazó Vergara, que en respuesta al fiscal señaló que las “pericias nunca fueron refutadas”.
“No es simpático cómo, pero esto se resolvió y no hay forma de salvar este juicio. Esto es un barco hundido y hoy tienen la posibilidad de declarar la inexistencia este juicio”, agregó, siguiendo la línea que apunta a mantener vigente el sobreseimiento de 2003 y declarar nula todas las apelaciones y actuaciones posteriores.
Por último, esbozó que “si Gómez era tan frío y calculador como dicen acá, no iba a ir él a cometer el hecho, iba a contratar un pasero o un sicario para que lo haga o para qué iba a tirar cuatro veces si él sabía disparar por su trabajo”.
Gómez, en tanto, volvió a pedir la palabra y repitió gran parte de lo dicho al principio, aunque sumó un pedido: “Si me condenan, pido ir al penal de Cerro Azul donde hay un pabellón para las fuerzas. En otro lugar me sentiría inseguro, perseguido y amenazado”.
El debate para esclarecer el crimen de María Barrera en 2001 entró en etapa final. Hoy declararon cinco testigos que complicaron al ex gendarme Carlos Ramón Gómez (66). Mañana, alegatos.
El debate para esclarecer el crimen de María Barrera en 2001 entró en etapa final. Hoy declararon cinco testigos que complicaron al ex gendarme Carlos Ramón Gómez (66). Mañana, alegatos.