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Los casi 25 años que transcurrieron desde el 9 de diciembre de 2001 no fueron impedimento para que hoy, los tres testigos más importantes de la causa, recordaran y reconstruyeran el entorno de violencia, hostigamiento y persecución en el que María Esther Barrera (36) vivía a manos de su esposo, el ex gendarme Carlos Ramón Gómez (66), quien desde el lunes enfrenta debate oral por el asesinato a balazos de la mujer.
Las declaraciones se dieron esta mañana, en el marco de la segunda audiencia del juicio oral que se desarrolla en el Tribunal Penal Dos de Posadas, cuyos magistrados volvieron a echar por tierra otro intento de la defensa por desactivar el proceso o, al menos, dilatar la continuidad de las audiencias.
Los abogados Mauricio Vergara y Olga Anahí Tabacchi -ex fiscal de Santo Tomé- sorprendieron al solicitar que se reitere o se “aclare” los argumentos de las resoluciones comunicadas ayer, a lo que el tribunal no hizo lugar y eso motivó un pedido de recusación contra el presidente del cuerpo César Antonio Yaya.
“En estas condiciones no se puede seguir. Usted viene preopinando en esta causa y hay una suerte de creación legal que no está contenido en ningún código. La resolución de ayer a lo único que atinó fue a salvar este debate”, señaló Vergara, con el apoyo de Tabacchi, que minutos antes mantuvo un entredicho en voz con alta con el propio Yaya por el uso de la palabra y por quejas hacia el fiscal Vladimir Glinka.
Al opinar sobre el planteo, Glinka pidió que la defensa mencione sobre qué artículos apoyaban el pedido de recusación, lo cual no obtuvo respuestas y, en consecuencia, lo consideró “infundado”. El tribunal, que también lo integran, por subrogación legal, los jueces de instrucción Carla Freitag y Juan Manuel Monte, nuevamente pasó a deliberar y la resolución se repitió: rechazo por unanimidad.
El dictamen dio pie al inicio de las testimoniales. Los primeros en declarar fueron el médico forense Juan Antonio Galuppo y la médica psiquiatra Norma Lapuente de Acosta.
Galuppo precisó que la víctima presentaba tres impactos de bala y Lapuente de Acosta, en tanto, repasó los resultados obtenidos en el examen clínico psíquico efectuado sobre Gómez y detalló que en el imputado observó rasgos
Los casi 25 años que transcurrieron desde el 9 de diciembre de 2001 no fueron impedimento para que hoy, los tres testigos más importantes de la causa, recordaran y reconstruyeran el entorno de violencia, hostigamiento y persecución en el que María Esther Barrera (36) vivía a manos de su esposo, el ex gendarme Carlos Ramón Gómez (66), quien desde el lunes enfrenta debate oral por el asesinato a balazos de la mujer.
Las declaraciones se dieron esta mañana, en el marco de la segunda audiencia del juicio oral que se desarrolla en el Tribunal Penal Dos de Posadas, cuyos magistrados volvieron a echar por tierra otro intento de la defensa por desactivar el proceso o, al menos, dilatar la continuidad de las audiencias.
Los abogados Mauricio Vergara y Olga Anahí Tabacchi -ex fiscal de Santo Tomé- sorprendieron al solicitar que se reitere o se “aclare” los argumentos de las resoluciones comunicadas ayer, a lo que el tribunal no hizo lugar y eso motivó un pedido de recusación contra el presidente del cuerpo César Antonio Yaya.
“En estas condiciones no se puede seguir. Usted viene preopinando en esta causa y hay una suerte de creación legal que no está contenido en ningún código. La resolución de ayer a lo único que atinó fue a salvar este debate”, señaló Vergara, con el apoyo de Tabacchi, que minutos antes mantuvo un entredicho en voz con alta con el propio Yaya por el uso de la palabra y por quejas hacia el fiscal Vladimir Glinka.
Al opinar sobre el planteo, Glinka pidió que la defensa mencione sobre qué artículos apoyaban el pedido de recusación, lo cual no obtuvo respuestas y, en consecuencia, lo consideró “infundado”. El tribunal, que también lo integran, por subrogación legal, los jueces de instrucción Carla Freitag y Juan Manuel Monte, nuevamente pasó a deliberar y la resolución se repitió: rechazo por unanimidad.
El dictamen dio pie al inicio de las testimoniales. Los primeros en declarar fueron el médico forense Juan Antonio Galuppo y la médica psiquiatra Norma Lapuente de Acosta.
Galuppo precisó que la víctima presentaba tres impactos de bala y Lapuente de Acosta, en tanto, repasó los resultados obtenidos en el examen clínico psíquico efectuado sobre Gómez y detalló que en el imputado observó rasgos
En ambas declaraciones la defensa no formuló preguntas, lo que motivó otra intervención del fiscal Glinka, que pidió la intervención del defensor oficial sustituto Mario Ramírez a fin de evitar un “posible estado de indefensión” y “salvaguardar los derechos” del imputado.
Vergara respondió al planteo y apuntó: “Tal vez el fiscal pueda no coincidir con la estrategia de la defensa, pero nosotros creemos que este juicio no puede llevarse a cabo porque el tribunal carece de competencia en la causa y con los testigos no vamos a convalidar un acto que es inexistente. Tenemos reserva de casación y mañana en los alegatos haremos nuestros planteos”.
Superado ese punto, pasaron a declarar los testigos considerados de mayor relevancia, entre ellos Oscar De Oliveira Moreira, el hombre con el que Barrera había iniciado una nueva relación tras separase de Gómez y que presenció el asesinato cometido en su propia casa aquella noche del 9 de diciembre de 2001.
“Nos estuvimos conociendo durante un año por ahí hasta que me presentó a su hijo y me pidió para tener una relación formal. Ahí estuvimos un año de novio hasta que ocurrió el hecho”, contó Moreira.
El testigo afirmó que “ella me contó que tenía problemas con la separación y siempre me decía que su ex era un hostigador”. Gómez, mientras tanto, oía el testimonio y por momentos deslizaba una sonrisa.
Sobre el hecho, relató que “yo estaba jugando a la pelota y ella me llamó para verme. Cuando llegó, le hice pasar y se sentó en la cama mientras yo me bañaba. Cuando entré al baño escuché los tres disparos y cuando salgo estaba el hombre queriendo tirar para mí también”.
Moreira narró que en ese momento se trenzó a golpes y empujones con Gómez, que en determinado momento perdió el arma de fuego y escapó de la escena. Todo ocurrió en la casa del testigo, en el barrio San Lucas, desde donde Barrera fue trasladada al hospital Madariaga, aunque murió por el camino.
Luego declaró Elena Feliciana, una amiga de Barrera que antes las partes y visiblemente atemorizada recordó las conversaciones en las que la víctima le contaba los pesares que pasaba por culpa de Gómez.
“Me contaba que él era violento, que no le daba el lugar de mujer y otras cosas horribles. Ella no podía tomar decisiones, todo era en base a lo que él quería y además se sentía constantemente vigilada por él. Por eso ella se guardaba mucho en su casa, casi que no salía”, expresó.
En ambas declaraciones la defensa no formuló preguntas, lo que motivó otra intervención del fiscal Glinka, que pidió la intervención del defensor oficial sustituto Mario Ramírez a fin de evitar un “posible estado de indefensión” y “salvaguardar los derechos” del imputado.
Vergara respondió al planteo y apuntó: “Tal vez el fiscal pueda no coincidir con la estrategia de la defensa, pero nosotros creemos que este juicio no puede llevarse a cabo porque el tribunal carece de competencia en la causa y con los testigos no vamos a convalidar un acto que es inexistente. Tenemos reserva de casación y mañana en los alegatos haremos nuestros planteos”.
Superado ese punto, pasaron a declarar los testigos considerados de mayor relevancia, entre ellos Oscar De Oliveira Moreira, el hombre con el que Barrera había iniciado una nueva relación tras separase de Gómez y que presenció el asesinato cometido en su propia casa aquella noche del 9 de diciembre de 2001.
“Nos estuvimos conociendo durante un año por ahí hasta que me presentó a su hijo y me pidió para tener una relación formal. Ahí estuvimos un año de novio hasta que ocurrió el hecho”, contó Moreira.
El testigo afirmó que “ella me contó que tenía problemas con la separación y siempre me decía que su ex era un hostigador”. Gómez, mientras tanto, oía el testimonio y por momentos deslizaba una sonrisa.
Sobre el hecho, relató que “yo estaba jugando a la pelota y ella me llamó para verme. Cuando llegó, le hice pasar y se sentó en la cama mientras yo me bañaba. Cuando entré al baño escuché los tres disparos y cuando salgo estaba el hombre queriendo tirar para mí también”.
Moreira narró que en ese momento se trenzó a golpes y empujones con Gómez, que en determinado momento perdió el arma de fuego y escapó de la escena. Todo ocurrió en la casa del testigo, en el barrio San Lucas, desde donde Barrera fue trasladada al hospital Madariaga, aunque murió por el camino.
Luego declaró Elena Feliciana, una amiga de Barrera que antes las partes y visiblemente atemorizada recordó las conversaciones en las que la víctima le contaba los pesares que pasaba por culpa de Gómez.
“Me contaba que él era violento, que no le daba el lugar de mujer y otras cosas horribles. Ella no podía tomar decisiones, todo era en base a lo que él quería y además se sentía constantemente vigilada por él. Por eso ella se guardaba mucho en su casa, casi que no salía”, expresó.
El último turno le correspondió a Fernanda Valeria Aguilar, hermana de la víctima, quien declaró a través de videollamada por residir fuera de la provincia.
Su testimonio fue el más extenso, emotivo y dramático. La mujer reveló los detalles más íntimos de la pareja y reconstruyó el “calvario” que vivió su hermana a manos del ex gendarme que, 25 años después, puede ser condenado a prisión perpetua.
“Ella una vez descubrió que él tenía una relación paralela y otro hijo a escondidas. Cuando eso pasó hubo una discusión, ella fue golpeada y hubo una denuncia, pero él como gendarme que era hizo callar todo ante las autoridades”, arrancó.
La testigo describió al imputado como un “manipulador, psicópata y depredador” que ejercía “abuso de poder sobre toda la familia”.
“Aún separados, él caía de sorpresa a la casa de mi hermana, no respetaba horarios, siempre ejercía control sobre el hogar. La seguía a todos lados y si no era él mandaba a otras personas a seguirla”, indicó.
La mujer recordó que Gómez reclamaba pagar menos por la cuota alimentaria de sus hijos, aunque consideró que el motivo del crimen fue haberse sentido "tocado en su propio ego por la nueva relación de María".
“El día del hecho hubo una nueva discusión. Ella escapó de él y le dijo que el lunes iba a ir a la Gendarmería a contar todo porque estaba harta. A la noche quiso ir a ver su novio y yo le dije que se cuidara, que no vaya por el mismo camino de siempre. Se despidió de nosotros y no tuve más contacto con ella”, reconstruyó.
Lo siguiente fue el horror: “A la noche sonó el teléfono, atendió mi sobrino y gritó ‘no, no, la mató, la mató’. Ahí yo agarré el teléfono y Gómez me dijo: ‘Anda a buscar a tu hermana a lo del novio que yo la mate. Por favor cuida a tu sobrino porque yo me voy a pegar un tiro’”.
Aguilar reclamó el tiempo transcurrido sin justicia y pidió una condena para Gómez. “No hay odio en mi corazón hacia él, yo ya lo perdoné, pero tiene que haber justicia y este dolor tiene que cerrar”, suplicó.
El debate continuará mañana con la ronda de alegatos. El primero en exponer será el fiscal Glinka, mientras que en segundo orden lo hará la defensa, que ya adelantó que prepara una serie de planteos en los que podrían insistir con un sobreseimiento dictado en 2003 cuando Gómez fue considerado inimputable por actuar bajo emoción violenta, medida que con el tiempo fue revertida.
El último turno le correspondió a Fernanda Valeria Aguilar, hermana de la víctima, quien declaró a través de videollamada por residir fuera de la provincia.
Su testimonio fue el más extenso, emotivo y dramático. La mujer reveló los detalles más íntimos de la pareja y reconstruyó el “calvario” que vivió su hermana a manos del ex gendarme que, 25 años después, puede ser condenado a prisión perpetua.
“Ella una vez descubrió que él tenía una relación paralela y otro hijo a escondidas. Cuando eso pasó hubo una discusión, ella fue golpeada y hubo una denuncia, pero él como gendarme que era hizo callar todo ante las autoridades”, arrancó.
La testigo describió al imputado como un “manipulador, psicópata y depredador” que ejercía “abuso de poder sobre toda la familia”.
“Aún separados, él caía de sorpresa a la casa de mi hermana, no respetaba horarios, siempre ejercía control sobre el hogar. La seguía a todos lados y si no era él mandaba a otras personas a seguirla”, indicó.
La mujer recordó que Gómez reclamaba pagar menos por la cuota alimentaria de sus hijos, aunque consideró que el motivo del crimen fue haberse sentido "tocado en su propio ego por la nueva relación de María".
“El día del hecho hubo una nueva discusión. Ella escapó de él y le dijo que el lunes iba a ir a la Gendarmería a contar todo porque estaba harta. A la noche quiso ir a ver su novio y yo le dije que se cuidara, que no vaya por el mismo camino de siempre. Se despidió de nosotros y no tuve más contacto con ella”, reconstruyó.
Lo siguiente fue el horror: “A la noche sonó el teléfono, atendió mi sobrino y gritó ‘no, no, la mató, la mató’. Ahí yo agarré el teléfono y Gómez me dijo: ‘Anda a buscar a tu hermana a lo del novio que yo la mate. Por favor cuida a tu sobrino porque yo me voy a pegar un tiro’”.
Aguilar reclamó el tiempo transcurrido sin justicia y pidió una condena para Gómez. “No hay odio en mi corazón hacia él, yo ya lo perdoné, pero tiene que haber justicia y este dolor tiene que cerrar”, suplicó.
El debate continuará mañana con la ronda de alegatos. El primero en exponer será el fiscal Glinka, mientras que en segundo orden lo hará la defensa, que ya adelantó que prepara una serie de planteos en los que podrían insistir con un sobreseimiento dictado en 2003 cuando Gómez fue considerado inimputable por actuar bajo emoción violenta, medida que con el tiempo fue revertida.
El TP-2 de Posadas rechazó los planteos defensivos que buscaban desactivar el proceso. El debate continúa mañana. Carlos Ramón Gómez (66) está acusado de asesinar a tiros a su esposa en 2001.
El TP-2 de Posadas rechazó los planteos defensivos que buscaban desactivar el proceso. El debate continúa mañana. Carlos Ramón Gómez (66) está acusado de asesinar a tiros a su esposa en 2001.