Los mochileros de frontera, la task force de Santi Caputo
1 de noviembre · 11:17
PublicadoDomingo 1 de noviembre, 2026 · 11:17
Compartir
Por Fernando OZ
Me acuerdo de una noche sin luna sobre el Paraná, con el motor apagado y los pies llenos de barro, pensando que si Gabo hubiera caminado por estas orillas, tal vez no hubiese necesitado irse a su niñez en Aracataca para inventar Macondo. En la Triple Frontera, donde el agua se traga los secretos entre la bruma y el monte, el realismo mágico es la atmósfera cotidiana: las fronteras formales se desdibujan hasta volverse invisibles, y en las picadas lo imposible convive con la realidad más descarnada, esa que se disfraza de milagro para que nadie haga demasiadas preguntas, entre la magia y el misterio.
Esa geografía fue la elegida para la “extracción” de Flavio Bolsonaro tras la derrota electoral ante Lula da Silva. Según reveló The New York Times y confirmaron medios brasileños como Folha y argentinos como Clarín, entre otros, quien estuvo detrás de la planificación fue Jason Miller, un operador todoterreno de Donald Trump y amigo personal de Eduardo Bolsonaro, hermano del exiliado en Estados Unidos.
Todo indica que fue Miller quien gestionó y contrató desde Estados Unidos el vuelo chárter de la empresa argentina Baires Fly S.A., del bróker aéreo Luis Grande, que maneja los viajes del Gulfstream IV matrícula LV-JQW que esperaba en el Aeropuerto de Puerto Iguazú para sacar a Flavio y a su familia hacia Miami. Miller —consultor político y estratega de medios— es parte de la familia MAGA, al igual que los Bolsonaro, Steve Bannon, Stephen Miller y otros habitués de las cumbres de la CPAC, algunos de ellos con intereses directos en el negocio turístico que gravita alrededor de las Cataratas del Iguazú.
De este lado de la frontera, el soporte operativo y logístico estuvo a cargo de Santiago Caputo, hombre respetable y de buen vestir. Así lo aseguraron principales diarios del país y quedó demostrado después de que dos controles vehiculares de la policía de Misiones pusieran el ojo en el convoy de dos vehículos de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), uno con patente diplomática, por exceso de velocidad. Había cuatro personas, dos funcionarios de la EBY, un NN, y el asesor presidencial.
Para algunos medios, la aventura de Caputo y sus hombres fue una cinematográfica operación de inteligencia. Y, sujetándose en “fuentes oficiales”, destacaban que el asesor estrella de Javier Milei estuvo acompañado por , aunque hubo quienes dijeron que en realidad habían revistado en el FBI. También metieron al ICE, por las dudas.
En la turística ciudad de Puerto Iguazú, la noche del martes, no hubo aviones espías sobrevolando la zona, frecuencias encriptadas, ni una task force compuesta por agentes de inteligencia estadounidenses y argentinos tomó el control de ningún aeropuerto. Y lo que tenía que ser bajo sigilo, terminó siendo lo más parecido a una sátira con ribetes de los dorados 90 con comediantes de reparto y todo. No hubo pizza, sí McDonald’s y champagne para festejar una “exitosa extracción”.
Tampoco hubo rutas alternativas. Flávio Bolsonaro no tuvo impedimentos para cruzar el puente internacional Tancredo Neves, pasaporte italiano o lo que fuese. Además, Foz do Iguaçu y Puerto Iguazú son territorios bolsonaristas: en la localidad argentina, Leonardo Rodrigues de Jesus, sobrino del expresidente Jair Bolsonaro y primo de Flavio, comanda unos doscientos militantes que se exiliaron luego de la derrota electoral de 2022 y que ahora viven en Misiones.
Se lo conoce como Léo Índio y se escapó por el mismo puente que su primo cuando el Supremo Tribunal Federal (STF) emitió una orden de captura en su contra por los mismos hechos por los que cercó a su tío: intento de golpe, asociación criminal armada, abolición violenta del sistema democrático y daño calificado al patrimonio público. Su búnker queda en un colorido hostel para mochileros de bajo presupuesto, a media cuadra del destacamento de la Policía Federal y en el medio de los mil metros a la redonda de los nidos donde reportan los principales agentes destacados en la región.
“Nos íbamos enterando de algunas cosas sobre la marcha. Que todo esté en regla, algunos detalles de seguridad por el tema de los medios y nada más”, comentó con una sonrisa un uniformado que estuvo esa noche en el aeropuerto de Cataratas. “Vienen tres tipos, te dicen que son de la SIDE, después te llaman de arriba te dicen que colabores y vos les abrís las puertas”, agregó con la claridad de quien entiende las reglas. “A nosotros no nos llamaron”, se lee en un sintético mensaje de otro integrante de otra de las fuerzas de seguridad desplegado en la misma frontera.
Para la misión ultrasecreta, Caputo reclutó a dos de sus mejores hombres en la región: Ignacio “Nacho” Palacios y Jorge “Tucu” Waisman, dos funcionarios de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) que se mueven por los principales pasos fronterizos de Misiones y Corrientes con la patente de corso que otorga una chapa diplomática y un guiño de ojo después de decir “SIDE, buenas noches”. En el ámbito de los Centinelas, los verdes, son conocidos como “el dúo rápido y furioso”. Quienes estuvieron más ingeniosos fueron los locales: en la policía misionera los llaman “División Miami”. Un viejo funcionario del organismo, que entiende de la caja a la que Carlos Menem describió como “un monumento a la corrupción”, los tildó de “mochileros”.
En Yacyretá todos parecen tener bien claro que Palacios es el “comisario político de Caputo”. No hizo falta ni suponerlo: esa solía ser su presentación cuando desembarcó a fines de 2024 en la entidad. Un año después, Nacho cumplió la promesa de conseguirle un buen puesto en la administración Milei a un viejo amigo: El Tucu, actual director de Seguridad e Informaciones de la EBY.
Palacios es posadeño y antes de tomar el rol de “comisario político” de Caputo, alquilaba automóviles lujosos en Miami. “Si vos necesitabas un auto o cualquier cosa, lo llamabas a Nacho”, me explicó hace unos meses alguien que lo conoce muy íntimamente desde hace muchos años. Se ufanaba de sus contactos: desde divas y celebrities como Luciana Salazar, Karina Jelinek, Pampita, José María Listorti, Claudia Villafañe, hasta políticos, empresarios, sindicalistas y jugadores de fútbol y golf con inversiones en Paraguay. Los automóviles que rentaba los sacaba de un garaje ubicado en el moderno barrio Wynwood, donde se encuentra un parque automotor de alta gama: hablamos de Ferrari, Lamborghini y Porsche, se entiende. También conseguía autos de carrera, camionetas, Jeep, vans, motos y hasta jet ski, lanchas y yates.
En marzo de 2025, en la sucursal que la franquicia Tostado tiene en Posadas, Nacho reveló a un grupo de amigos con los que se encontraba desayunando cómo fue que se convirtió en el “comisario político” de Santiago Caputo. Antes de confesarlo pidió estricta reserva: “se lo pidió Ron DeSantis (gobernador de Florida)”, dijo y no volvió a referirse al tema. Nadie le creyó.
“Si a Nachito lo comprás por lo que te cuenta, te va a salir caro. Como operador político en las sombras es un excelente mecánico. Le gustan los fierros, el fútbol y salir a pistear”, lo pincela en Posadas un compinche suyo desde la adolescencia. Nacho “arreglaba los coches de carrera del hijo de Carlos Menem”, su trabajo en la agencia de autos “se lo consiguió su amiga Zulemita, los contactos y clientes también”, y hasta hace unos años “se ocupaba de arreglar las multas de los autos con la policía de Bal Harbour, eso lo hacía el Tucu”, explica una voz desde las costas estadounidenses.
En Miami, Nacho, el Tucu y Zulemita Menem vivían a pocas cuadras de distancia. Cada tanto se reunían; se los puede ver en fotografías junto a otras personas que no vienen al cuento. Me explican que eran otros tiempos.
El último trabajo de Jorge Omar Waisman —el mismo que manejaba la Ford Ranger blanca del convoy de Caputo y quien en el control policial de Capioví dijo pertenecer a la SIDE—, antes de ser ungido como jefe de Seguridad y Comunicaciones de la EBY, fue prestar servicios como agente de la policía del municipio de Bal Harbour Village, en el condado de Miami-Dade, Florida. “No estuvo mucho tiempo, seis o siete años, no lo recuerdo con exactitud”, cuenta alguien con quien compartió espacio frente a los monitores que acumulaban infracciones y cuestiones policiacas menores. Primero “estuvo como consigna, caminando por la calle” y antes de jubilarse estuvo destinado una temporada en la patrulla marina del mismo uniforme: “manejaba algunas lanchas”.
Una de las últimas misiones que cumplió en el Estado de Florida fue destrabar un problema que tuvo el exfutbolista del Inter de Miami Matías Pellegrini cuando una grúa de la firma Alpine Towing se llevó su Range Rover por orden policial. Para resolver la cuestión el futbolista, desde Buenos Aires y a través de una escribana de doble apellido, le firmó un poder al Tucu.
Waisman jamás tuvo nada que ver con la DEA, el FBI ni ninguna otra agencia de inteligencia de Estados Unidos, y antes de vestir el uniforme de policía municipal “estaba a cargo del cuidado de un parque público” de la misma ciudad. Pero en Misiones, en Corrientes, en Paraguay, Brasil o donde encuentre la ocasión, el “comisario político” Palacios presenta a Waisman, el Tucu, de la misma manera: “es de inteligencia, trabajó para la DEA”, siempre en voz baja, con cara de sigilo, acompañado de un guiño de ojo.
A diferencia de Palacios, que comenzó a coleccionar autos millonarios en un garaje de la avenida Centenario, antes de llegar al centro de Posadas, Waisman viaja más seguido a Miami. La última vez que estuvo en aquella fantástica ciudad fue antes de encarar la compleja “misión de extracción de Bolsonaro”, pero no fue por cuestiones de inteligencia, ni para llevar mochilas: fue para resolver un juicio de divorcio que lo tiene a maltraer.
Su expediente judicial de divorcio y disolución de matrimonio se tramita ante el Tribunal 11.º del Circuito Judicial del Condado de Miami-Dade, Florida, a cargo de la jueza Stacy D. Glick. Causa número 2025-26105-FC-04, para más datos. Allí se encuentra una reciente declaración jurada financiera de Waisman —documentación contable y probatoria que le habían exigido formalmente— donde declara “bajo pena de perjurio” que recibe una pensión mensual que no supera los 9.300 dólares como “retirado” de la policía municipal y que, entre Medicare, gastos, deducción de impuestos y otras cuestiones, le queda un neto de cinco mil y pico de dólares. Asistido por su letrado Barry Shevlin, el Tucu dijo que tiene gastos por 10.365 dólares mensuales y deudas.
Con lo que gana en la EBY no le alcanza. Fuentes del caso que conocen el expediente dicen que el supuesto agente secreto de Caputo dijo que en Yacyretá “le pagan 1.300 dólares en un cheque que cambia en la localidad correntina de Ituzaingó”. En la declaración jurada de Waisman, entre su pasivo figura, además de créditos personales por 6.500 dólares, deudas por tres préstamos personales que suman 100 mil dólares. Una vaquita que hicieron entre su hermano Eduardo y dos funcionarios de la Binacional.
Quien más plata puso fue Nacho, el intrépido corredor de autos que trasladó a Caputo en el “operativo internacional”: 40.000 dólares. El otro funcionario de la EBY que sumó a la gorra 35.000 dólares fue Juan Pablo Arrechea, de carrera en la binacional y conocedor de la botonera, superviviente de varias gestiones y ahora al frente de la poderosa Secretaría General y el siempre lubricado Departamento de Obras Complementarias.
Los otros 35.000 dólares fueron los de Eduardo, que hace poco tiempo, casi seis meses antes del desembarco de su hermano en la EBY, constituyó Envialo Vip Express S.A., una firma cuyo sano objeto social es el transporte nacional e internacional de cargas, logística, almacenamiento, distribución, manipulación de contenedores y transporte multimodal (aéreo, terrestre y marítimo).
La firma quedó constituida el 13 de junio de 2025 y entre sus socios se encuentra un ciudadano estadounidense de 59 años domiciliado en el barrio porteño de Balvanera y un comerciante del partido bonaerense de Morón, de 39 años, que figura legalmente como presidente. Y en noviembre de ese mismo año, casi en tiempo récord, el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) le otorga la matrícula de Prestador Postal N.º 1.301, lo que la autoriza para operar courier/encomiendas, en este caso particular entre la provincia de Buenos Aires con cobertura parcial en Estados Unidos.
Hay quienes dicen que la última historia de Instagram que el supuesto espía de Caputo subió a su cuenta en la que se lo vio con su hermano Eduardo fue en la localidad paraguaya de Ayolas, justo frente a la argentina Ituzaingó, justamente donde el Tucu le dijo a la Justicia estadounidense que cambiaba los cheques que le daban en la EBY. El cruce internacional sobre la represa Yacyretá une ambas ciudades y su control está dividido por las fuerzas de ambas naciones, pero la potestad absoluta sobre la estructura de la represa está a cargo de la seguridad de la entidad, donde el Tucu tiene un rol importante, porque en esa frontera no necesita patente diplomática ni decir que es de la SIDE.
En las últimas horas, el gobierno de los Estados Unidos se despegó formalmente del “operativo” y negó cualquier participación logística en la “extracción”.
A través de declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, la Casa Blanca y el Departamento de Estado fijaron una postura oficial que busca trazar una línea divisoria tajante entre las gestiones del gobierno estadounidense y las maniobras de la familia Bolsonaro. Rubio afirmó categóricamente que la administración de Trump no intervino, no financió ni facilitó el traslado, el itinerario o la salida de la familia Bolsonaro de territorio brasileño o sudamericano.
Desde Washington aclararon que la única acción institucional fue a la hora de autorizar el ingreso legal al país. La cancillería estadounidense remarcó que las decisiones de cruzar la frontera y contratar transporte privado corresponden estrictamente a la órbita personal y privada de la familia Bolsonaro.
Nacho Palacios no regresó a Estados Unidos desde hace más de un año. “Ya no lo dejan entrar, no sé los motivos”, explicó una voz desde las playas de Miami; parece que hacía tiempo venía entrando y saliendo cada tres meses. El Tucu tiene sus propios problemas por el divorcio y cuestiones de la vida misma, además de que se le podría generar otro más cuando los investigadores de una oficina interna de Bal Harbour terminen de averiguar si es real que utilizó credenciales de la institución que serían apócrifas. “Mucho ruido”, para algunos analistas allegados a la embajada estadounidense en Buenos Aires que suelen dar vueltas por la Triple Frontera, entre la magia y el misterio.
Los mochileros de frontera, la task force de Santi Caputo | La Voz de Misiones